Capítulo XXXIII: Donde se cuenta la novela del Curioso impertinente
Don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
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Capítulo XXXIII
«En Florencia, ciudad rica y famosa de Italia, en la provincia que llamanToscana, vivían Anselmo y Lotario, dos caballeros ricos y principales, ytan amigos que, por excelencia y antonomasia, de todos los que los conocíanlos dos amigos eran llamados. Eran solteros, mozos de una misma edad y deunas mismas costumbres; todo lo cual era bastante causa a que los dos conrecíproca amistad se correspondiesen. Bien es verdad que el Anselmo eraalgo más inclinado a los pasatiempos amorosos que el Lotario, al cualllevaban tras sí los de la caza; pero, cuando se ofrecía, dejaba Anselmo deacudir a sus gustos por seguir los de Lotario, y Lotario dejaba los suyospor acudir a los de Anselmo; y, desta manera, andaban tan a una susvoluntades, que no había concertado reloj que así lo anduviese.»Andaba Anselmo perdido de amores de una doncella principal y hermosa de lamisma ciudad, hija de tan buenos padres y tan buena ella por sí, que sedeterminó, con el parecer de su amigo Lotario, sin el cual ninguna cosahacía, de pedilla por esposa a sus padres, y así lo puso en ejecución; y elque llevó la embajada fue Lotario, y el que concluyó el negocio tan a gustode su amigo, que en breve tiempo se vio puesto en la posesión que deseaba,y Camila tan contenta de haber alcanzado a Anselmo por esposo, que nocesaba de dar gracias al cielo, y a Lotario, por cuyo medio tanto bien lehabía venido.»Los primeros días, como todos los de boda suelen ser alegres, continuóLotario, como solía, la casa de su amigo Anselmo, procurando honralle,festejalle y regocijalle con todo aquello que a él le fue posible; pero,acabadas las bodas y sosegada ya la frecuencia de las visitas y parabienes,comenzó Lotario a descuidarse con cuidado de las idas en casa de Anselmo,por parecerle a él -como es razón que parezca a todos los que fuerendiscretos- que no se han de visitar ni continuar las casas de los amigoscasados de la misma manera que cuando eran solteros; porque, aunque labuena y verdadera amistad no puede ni debe de ser sospechosa en nada, contodo esto, es tan delicada la honra del casado, que parece que se puedeofender aun de los mesmos hermanos, cuanto más de los amigos.»Notó Anselmo la remisión de Lotario, y formó dél quejas grandes,diciéndole que si él supiera que el casarse había de ser parte para nocomunicalle como solía, que jamás lo hubiera hecho, y que si, por la buenacorrespondencia que los dos tenían mientras él fue soltero, habíanalcanzado tan dulce nombre como el de ser llamados los dos amigos, que nopermitiese, por querer hacer del circunspecto, sin otra ocasión alguna,que tan famoso y tan agradable nombre se perdiese; y que así, le suplicaba,si era lícito que tal término de hablar se usase entre ellos, que volviesea ser señor de su casa, y a entrar y salir en ella como de antes,asegurándole que su esposa Camila no tenía otro gusto ni otra voluntad quela que él quería que tuviese, y que, por haber sabido ella con cuántasveras los dos se amaban, estaba confusa de ver en él tanta esquiveza.»A todas estas y otras muchas razones que Anselmo dijo a Lotario parapersuadille volviese como solía a su casa, respondió Lotario con tantaprudencia, discreción y aviso, que Anselmo quedó satisfecho de la buenaintención de su amigo, y quedaron de concierto que dos días en la semana ylas fiestas fuese Lotario a comer con él; y, aunque esto quedó asíconcertado entre los dos, propuso Lotario de no hacer más de aquello queviese que más convenía a la honra de su amigo, cuyo crédito estimaba enmás que el suyo proprio. Decía él, y decía bien, que el casado a quien elcielo había concedido mujer hermosa, tanto cuidado había de tener quéamigos llevaba a su casa como en mirar con qué amigas su mujer conversaba,porque lo que no se hace ni concierta en las plazas, ni en los templos, nien las fiestas públicas, ni estaciones -cosas que no todas veces las han denegar los maridos a sus mujeres-, se concierta y facilita en casa de laamiga o la parienta de quien más satisfación se tiene.»También decía Lotario que tenían necesidad los casados de tener cada unoalgún amigo que le advirtiese de los descuidos que en su proceder hiciese,porque suele acontecer que con el mucho amor que el marido a la mujertiene, o no le advierte o no le dice, por no enojalla, que haga o deje dehacer algunas cosas, que el hacellas o no, le sería de honra o devituperio; de lo cual, siendo del amigo advertido, fácilmente pondríaremedio en todo. Pero, ¿dónde se hallará amigo tan discreto y tan leal yverdadero como aquí Lotario le pide? No lo sé yo, por cierto; sólo Lotarioera éste, que con toda solicitud y advertimiento miraba por la honra de suamigo y procuraba dezmar, frisar y acortar los días del concierto del ir asu casa, porque no pareciese mal al vulgo ocioso y a los ojos vagabundos ymaliciosos la entrada de un mozo rico, gentilhombre y bien nacido, y de lasbuenas partes que él pensaba que tenía, en la casa de una mujer tan hermosacomo Camila; que, puesto que su bondad y valor podía poner freno a todamaldiciente lengua, todavía no quería poner en duda su crédito ni el de suamigo, y por esto los más de los días del concierto los ocupaba yentretenía en otras cosas, que él daba a entender ser inexcusables. Asíque, en quejas del uno y disculpas del otro se pasaban muchos ratos ypartes del día.»Sucedió, pues, que uno que los dos se andaban paseando por un prado fuerade la ciudad, Anselmo dijo a Lotario las semejantes razones:»-Pensabas, amigo Lotario, que a las mercedes que Dios me ha hecho enhacerme hijo de tales padres como fueron los míos y al darme, no con manoescasa, los bienes, así los que llaman de naturaleza como los de fortuna,no puedo yo corresponder con agradecimiento que llegue al bien recebido, ysobre al que me hizo en darme a ti por amigo y a Camila por mujer propria:dos prendas que las estimo, si no en el grado que debo, en el que puedo.Pues con todas estas partes, que suelen ser el todo con que los hombressuelen y pueden vivir contentos, vivo yo el más despechado y el másdesabrido hombre de todo el universo mundo; porque no sé qué días a estaparte me fatiga y aprieta un deseo tan estraño, y tan fuera del uso comúnde otros, que yo me maravillo de mí mismo, y me culpo y me riño a solas, yprocuro callarlo y encubrirlo de mis proprios pensamientos; y así me hasido posible salir con este secreto como si de industria procurara decilloa todo el mundo. Y, pues que, en efeto, él ha de salir a plaza,quiero quesea en la del archivo de tu secreto, confiado que, con él y con ladiligencia que pondrás, como mi amigo verdadero, en remediarme, yo me verépresto libre de la angustia que me causa, y llegará mi alegría por tusolicitud al grado que ha llegado mi descontento por mi locura.»Suspenso tenían a Lotario las razones de Anselmo, y no sabía en qué habíade parar tan larga prevención o preámbulo; y, aunque iba revolviendo en suimaginación qué deseo podría ser aquel que a su amigo tanto fatigaba, diosiempre muy lejos del blanco de la verdad; y, por salir presto de la agoníaque le causaba aquella suspensión, le dijo que hacía notorio agravio a sumucha amistad en andar buscando rodeos para decirle sus más encubiertospensamientos, pues tenía cierto que se podía prometer dél, o ya consejospara entretenellos, o ya remedio para cumplillos.»-Así es la verdad -respondió Anselmo-, y con esa confianza te hago saber,amigo Lotario, que el deseo que me fatiga es pensar si Camila, mi esposa,es tan buena y tan perfeta como yo pienso; y no puedo enterarme en estaverdad, si no es probándola de manera que la prueba manifieste los quilatesde su bondad, como el fuego muestra los del oro. Porque yo tengo para mí,¡oh amigo!, que no es una mujer más buena de cuanto es o no es solicitada,y que aquella sola es fuerte que no se dobla a las promesas, a las dádivas,a las lágrimas y a las continuas importunidades de los solícitos amantes.Porque, ¿qué hay que agradecer -decía él- que una mujer sea buena, si nadiele dice que sea mala? ¿Qué mucho que esté recogida y temerosa la que no ledan ocasión para que se suelte, y la que sabe que tiene marido que, encogiéndola en la primera desenvoltura, la ha de quitar la vida? Ansí que,la que es buena por temor, o por falta de lugar, yo no la quiero tener enaquella estima en que tendré a la solicitada y perseguida que salió con lacorona del vencimiento. De modo que, por estas razones y por otras muchasque te pudiera decir para acreditar y fortalecer la opinión que tengo,deseo que Camila, mi esposa, pase por estas dificultades y se acrisole yquilate en el fuego de verse requerida y solicitada, y de quien tenga valorpara poner en ella sus deseos; y si ella sale, como creo que saldrá, con lapalma desta batalla, tendré yo por sin igual mi ventura; podré yo decir queestá colmo el vacío de mis deseos; diré que me cupo en suerte la mujerfuerte, de quien el Sabio dice que ¿quién la hallará? Y, cuando esto sucedaal revés de lo que pienso, con el gusto de ver que acerté en mi opinión,llevaré sin pena la que de razón podrá causarme mi tan costosa experiencia.Y, prosupuesto que ninguna cosa de cuantas me dijeres en contra de mi deseoha de ser de algún provecho para dejar de ponerle por la obra, quiero, ¡ohamigo Lotario!, que te dispongas a ser el instrumento que labre aquestaobra de mi gusto; que yo te daré lugar para que lo hagas, sin faltarte todoaquello que yo viere ser necesario para solicitar a una mujer honesta,honrada, recogida y desinteresada. Y muéveme, entre otras cosas, a fiar deti esta tan ardua empresa, el ver que si de ti es vencida Camila, no ha dellegar el vencimiento a todo trance y rigor, sino a sólo a tener por hecholo que se ha de hacer, por buen respeto; y así, no quedaré yo ofendido másde con el deseo, y mi injuria quedará escondida en la virtud de tusilencio, que bien sé que en lo que me tocare ha de ser eterno como el dela muerte. Así que, si quieres que yo tenga vida que pueda decir que lo es,desde luego has de entrar en esta amorosa batalla, no tibia niperezosamente, sino con el ahínco y diligencia que mi deseo pide, y con laconfianza que nuestra amistad me asegura.»Éstas fueron las razones que Anselmo dijo a Lotario, a todas las cualesestuvo tan atento, que si no fueron las que quedan escritas que le dijo, nodesplegó sus labios hasta que hubo acabado; y, viendo que no decía más,después que le estuvo mirando un buen espacio, como si mirara otra cosa quejamás hubiera visto, que le causara admiración y espanto, le dijo:»-No me puedo persuadir, ¡oh amigo Anselmo!, a que no sean burlas las cosasque me has dicho; que, a pensar que de veras las decías, no consintiera quetan adelante pasaras, porque con no escucharte previniera tu larga arenga.Sin duda imagino, o que no me conoces, o que yo no te conozco. Pero no; quebien sé que eres Anselmo, y tú sabes que yo soy Lotario; el daño está enque yo pienso que no eres el Anselmo que solías, y tú debes de haberpensado que tampoco yo soy el Lotario que debía ser, porque las cosas queme has dicho, ni son de aquel Anselmo mi amigo, ni las que me pides se hande pedir a aquel Lotario que tú conoces; porque los buenos amigos han deprobar a sus amigos y valerse dellos, como dijo un poeta, usque ad aras;que quiso decir que no se habían de valer de su amistad en cosas que fuesencontra Dios. Pues, si esto sintió un gentil de la amistad, ¿cuánto mejor esque lo sienta el cristiano, que sabe que por ninguna humana ha de perder laamistad divina? Y cuando el amigo tirase tanto la barra que pusiese apartelos respetos del cielo por acudir a los de su amigo, no ha de ser por cosasligeras y de poco momento, sino por aquellas en que vaya la honra y la vidade su amigo. Pues dime tú ahora, Anselmo: ¿cuál destas dos cosas tienes enpeligro para que yo me aventure a complacerte y a hacer una cosa tandetestable como me pides? Ninguna, por cierto; antes, me pides, según yoentiendo, que procure y solicite quitarte la honra y la vida, y quitármelaa mí juntamente. Porque si yo he de procurar quitarte la honra, claro estáque te quito la vida, pues el hombre sin honra peor es que un muerto; y,siendo yo el instrumento, como tú quieres que lo sea, de tanto mal tuyo,¿no vengo a quedar deshonrado, y, por el mesmo consiguiente, sin vida?Escucha, amigo Anselmo, y ten paciencia de no responderme hasta que acabede decirte lo que se me ofreciere acerca de lo que te ha pedido tu deseo;que tiempo quedará para que tú me repliques y yo te escuche.»-Que me place -dijo Anselmo-: di lo que quisieres.»Y Lotario prosiguió diciendo:»-Paréceme, ¡oh Anselmo!, que tienes tú ahora el ingenio como el quesiempre tienen los moros, a los cuales no se les puede dar a entender elerror de su secta con las acotaciones de la Santa Escritura, ni con razonesque consistan en especulación del entendimiento, ni que vayan fundadas enartículos de fe, sino que les han de traer ejemplos palpables, fáciles,intelegibles, demonstrativos, indubitables, con demostraciones matemáticasque no se pueden negar, como cuando dicen: "Si de dos partes igualesquitamos partes iguales, las que quedan también son iguales"; y, cuandoesto no entiendan de palabra, como, en efeto, no lo entienden, háseles demostrar con las manos y ponérselo delante de los ojos, y, aun con todoesto, no basta nadie con ellos a persuadirles las verdades de mi sacrareligión. Y este mesmo término y modo me convendrá usar contigo, porque eldeseo que en ti ha nacido va tan descaminado y tan fuera de todo aquelloque tenga sombra de razonable, que me parece que ha de ser tiempo gastadoel que ocupare en darte a entender tu simplicidad, que por ahora no lequiero dar otro nombre, y aun estoy por dejarte en tu desatino, en pena detu mal deseo; mas no me deja usar deste rigor la amistad que te tengo, lacual no consiente que te deje puesto en tan manifiesto peligro de perderte.Y, porque claro lo veas, dime, Anselmo: ¿tú no me has dicho que tengo desolicitar a una retirada, persuadir a una honesta, ofrecer a unadesinteresada, servir a una prudente? Sí que me lo has dicho. Pues si túsabes que tienes mujer retirada, honesta, desinteresada y prudente, ¿québuscas? Y si piensas que de todos mis asaltos ha de salir vencedora, comosaldrá sin duda, ¿qué mejores títulos piensas darle después que los queahora tiene, o qué será más después de lo que es ahora? O es que tú no latienes por la que dices, o tú no sabes lo que pides. Si no la tienes por loque dices, ¿para qué quieres probarla, sino, como a mala, hacer della loque más te viniere en gusto? Mas si es tan buena como crees, impertinentecosa será hacer experiencia de la mesma verdad, pues, después de hecha, seha de quedar con la estimación que primero tenía. Así que, es razónconcluyente que el intentar las cosas de las cuales antes nos puede sucederdaño que provecho es de juicios sin discurso y temerarios, y más cuandoquieren intentar aquellas a que no son forzados ni compelidos, y que de muylejos traen descubierto que el intentarlas es manifiesta locura. Las cosasdificultosas se intentan por Dios, o por el mundo, o por entrambos a dos:las que se acometen por Dios son las que acometieron los santos,acometiendo a vivir vida de ángeles en cuerpos humanos; las que se acometenpor respeto del mundo son las de aquellos que pasan tanta infinidad deagua, tanta diversidad de climas, tanta estrañeza de gentes, por adquirirestos que llaman bienes de fortuna. Y las que se intentan por Dios y por elmundo juntamente son aquellas de los valerosos soldados, que apenas veen enel contrario muro abierto tanto espacio cuanto es el que pudo hacer unaredonda bala de artillería, cuando, puesto aparte todo temor, sin hacerdiscurso ni advertir al manifiesto peligro que les amenaza, llevados envuelo de las alas del deseo de volver por su fe, por su nación y por surey, se arrojan intrépidamente por la mitad de mil contrapuestas muertesque los esperan. Estas cosas son las que suelen intentarse, y es honra,gloria y provecho intentarlas, aunque tan llenas de inconvenientes ypeligros. Pero la que tú dices que quieres intentar y poner por obra, ni teha de alcanzar gloria de Dios, bienes de la fortuna, ni fama con loshombres; porque, puesto que salgas con ella como deseas, no has de quedarni más ufano, ni más rico, ni más honrado que estás ahora; y si no sales,te has de ver en la mayor miseria que imaginarse pueda, porque no te ha deaprovechar pensar entonces que no sabe nadie la desgracia que te hasucedido, porque bastará para afligirte y deshacerte que la sepas tú mesmo.Y, para confirmación desta verdad, te quiero decir una estancia que hizo elfamoso poeta Luis Tansilo, en el fin de su primera parte de Las lágrimas deSan Pedro, que dice así:Crece el dolor y crece la vergüenzaen Pedro, cuando el día se ha mostrado;y, aunque allí no ve a nadie, se avergüenzade sí mesmo, por ver que había pecado:que a un magnánimo pecho a haber vergüenzano sólo ha de moverle el ser mirado;que de sí se avergüenza cuando yerra,si bien otro no vee que cielo y tierra.Así que, no escusarás con el secreto tu dolor; antes, tendrás que llorarcontino, si no lágrimas de los ojos, lágrimas de sangre del corazón, comolas lloraba aquel simple doctor que nuestro poeta nos cuenta que hizo laprueba del vaso, que, con mejor discurso, se escusó de hacerla el prudenteReinaldos; que, puesto que aquello sea ficción poética, tiene en síencerrados secretos morales dignos de ser advertidos y entendidos eimitados. Cuanto más que, con lo que ahora pienso decirte, acabarás devenir en conocimiento del grande error que quieres cometer. Dime, Anselmo,si el cielo, o la suerte buena, te hubiera hecho señor y legítimo posesorde un finísimo diamante, de cuya bondad y quilates estuviesen satisfechoscuantos lapidarios le viesen, y que todos a una voz y de común parecerdijesen que llegaba en quilates, bondad y fineza a cuanto se podía estenderla naturaleza de tal piedra, y tú mesmo lo creyeses así, sin saber otracosa en contrario, ¿sería justo que te viniese en deseo de tomar aqueldiamante, y ponerle entre un ayunque y un martillo, y allí, a pura fuerzade golpes y brazos, probar si es tan duro y tan fino como dicen? Y más, silo pusieses por obra; que, puesto caso que la piedra hiciese resistencia atan necia prueba, no por eso se le añadiría más valor ni más fama; y si serompiese, cosa que podría ser, ¿no se perdería todo? Sí, por cierto,dejando a su dueño en estimación de que todos le tengan por simple. Pueshaz cuenta, Anselmo amigo, que Camila es fínisimo diamante, así en tuestimación como en la ajena, y que no es razón ponerla en contingencia deque se quiebre, pues, aunque se quede con su entereza, no puede subir a másvalor del que ahora tiene; y si faltase y no resistiese, considera desdeahora cuál quedarías sin ella, y con cuánta razón te podrías quejar de timesmo, por haber sido causa de su perdición y la tuya. Mira que no hay joyaen el mundo que tanto valga como la mujer casta y honrada, y que todo elhonor de las mujeres consiste en la opinión buena que dellas se tiene; y,pues la de tu esposa es tal que llega al estremo de bondad que sabes, ¿paraqué quieres poner esta verdad en duda? Mira, amigo, que la mujer es animalimperfecto, y que no se le han de poner embarazos donde tropiece y caiga,sino quitárselos y despejalle el camino de cualquier inconveniente, paraque sin pesadumbre corra ligera a alcanzar la perfeción que le falta, queconsiste en el ser virtuosa. Cuentan los naturales que el arminio es unanimalejo que tiene una piel blanquísima, y que cuando quieren cazarle, loscazadores usan deste artificio: que, sabiendo las partes por donde suelepasar y acudir, las atajan con lodo, y después, ojeándole, le encaminanhacia aquel lugar, y así como el arminio llega al lodo, se está quedo y sedeja prender y cautivar, a trueco de no pasar por el cieno y perder yensuciar su blancura, que la estima en más que la libertad y la vida. Lahonesta y casta mujer es arminio, y es más que nieve blanca y limpia lavirtud de la honestidad; y el que quisiere que no la pierda, antes laguarde y conserve, ha de usar de otro estilo diferente que con el arminiose tiene, porque no le han de poner delante el cieno de los regalos yservicios de los importunos amantes, porque quizá, y aun sin quizá, notiene tanta virtud y fuerza natural que pueda por sí mesma atropellar ypasar por aquellos embarazos, y es necesario quitárselos y ponerle delantela limpieza de la virtud y la belleza que encierra en sí la buena fama. Esasimesmo la buena mujer como espejo de cristal luciente y claro; pero estásujeto a empañarse y escurecerse con cualquiera aliento que le toque. Hasede usar con la honesta mujer el estilo que con las reliquias: adorarlas yno tocarlas. Hase de guardar y estimar la mujer buena como se guarda yestima un hermoso jardín que está lleno de flores y rosas, cuyo dueño noconsiente que nadie le pasee ni manosee; basta que desde lejos, y por entrelas verjas de hierro, gocen de su fragrancia y hermosura. Finalmente,quiero decirte unos versos que se me han venido a la memoria, que los oí enuna comedia moderna, que me parece que hacen al propósito de lo que vamostratando. Aconsejaba un prudente viejo a otro, padre de una doncella, quela recogiese, guardase y encerrase, y entre otras razones, le dijo éstas:Es de vidrio la mujer;pero no se ha de probarsi se puede o no quebrar,porque todo podría ser.Y es más fácil el quebrarse,y no es cordura ponersea peligro de romperselo que no puede soldarse.Y en esta opinión esténtodos, y en razón la fundo:que si hay Dánaes en el mundo,hay pluvias de oro también.Cuanto hasta aquí te he dicho, ¡oh Anselmo!, ha sido por lo que a ti tetoca; y ahora es bien que se oiga algo de lo que a mí me conviene; y sifuere largo, perdóname, que todo lo requiere el laberinto donde te hasentrado y de donde quieres que yo te saque. Tú me tienes por amigo yquieres quitarme la honra, cosa que es contra toda amistad; y aun no sólopretendes esto, sino que procuras que yo te la quite a ti. Que me laquieres quitar a mí está claro, pues, cuando Camila vea que yo la solicito,como me pides, cierto está que me ha de tener por hombre sin honra y malmirado, pues intento y hago una cosa tan fuera de aquello que el ser quiensoy y tu amistad me obliga. De que quieres que te la quite a ti no hayduda, porque, viendo Camila que yo la solicito, ha de pensar que yo hevisto en ella alguna liviandad que me dio atrevimiento a descubrirle mi maldeseo; y, teniéndose por deshonrada, te toca a ti, como a cosa suya, sumesma deshonra. Y de aquí nace lo que comúnmente se platica: que el maridode la mujer adúltera, puesto que él no lo sepa ni haya dado ocasión paraque su mujer no sea la que debe, ni haya sido en su mano, ni en su descuidoy poco recato estorbar su desgracia, con todo, le llaman y le nombran connombre de vituperio y bajo; y en cierta manera le miran, los que la maldadde su mujer saben, con ojos de menosprecio, en cambio de mirarle con los delástima, viendo que no por su culpa, sino por el gusto de su malacompañera, está en aquella desventura. Pero quiérote decir la causa por quecon justa razón es deshonrado el marido de la mujer mala, aunque él no sepaque lo es, ni tenga culpa, ni haya sido parte, ni dado ocasión, para queella lo sea. Y no te canses de oírme, que todo ha de redundar en tuprovecho. Cuando Dios crió a nuestro primero padre en el Paraíso terrenal,dice la Divina Escritura que infundió Dios sueño en Adán, y que, estandodurmiendo, le sacó una costilla del lado siniestro, de la cual formó anuestra madre Eva; y, así como Adán despertó y la miró, dijo: ''Ésta escarne de mi carne y hueso de mis huesos''. Y Dios dijo: ''Por ésta dejaráel hombre a su padre y madre, y serán dos en una carne misma''. Y entoncesfue instituido el divino sacramento del matrimonio, con tales lazos quesola la muerte puede desatarlos. Y tiene tanta fuerza y virtud estemilagroso sacramento, que hace que dos diferentes personas sean una mesmacarne; y aún hace más en los buenos casados, que, aunque tienen dos almas,no tienen más de una voluntad. Y de aquí viene que, como la carne de laesposa sea una mesma con la del esposo, las manchas que en ella caen, o losdefectos que se procura, redundan en la carne del marido, aunque él no hayadado, como queda dicho, ocasión para aquel daño. Porque, así como el dolordel pie o de cualquier miembro del cuerpo humano le siente todo el cuerpo,por ser todo de una carne mesma, y la cabeza siente el daño del tobillo,sin que ella se le haya causado, así el marido es participante de ladeshonra de la mujer, por ser una mesma cosa con ella. Y como las honras ydeshonras del mundo sean todas y nazcan de carne y sangre, y las de lamujer mala sean deste género, es forzoso que al marido le quepa partedellas, y sea tenido por deshonrado sin que él lo sepa. Mira, pues, ¡ohAnselmo!, al peligro que te pones en querer turbar el sosiego en que tubuena esposa vive. Mira por cuán vana e impertinente curiosidad quieresrevolver los humores que ahora están sosegados en el pecho de tu castaesposa. Advierte que lo que aventuras a ganar es poco, y que lo queperderás será tanto que lo dejaré en su punto, porque me faltan palabraspara encarecerlo. Pero si todo cuanto he dicho no basta a moverte de tu malpropósito, bien puedes buscar otro instrumento de tu deshonra y desventura,que yo no pienso serlo, aunque por ello pierda tu amistad, que es la mayorpérdida que imaginar puedo.»Calló, en diciendo esto, el virtuoso y prudente Lotario, y Anselmo quedótan confuso y pensativo que por un buen espacio no le pudo responderpalabra; pero, en fin, le dijo:»-Con la atención que has visto he escuchado, Lotario amigo, cuanto hasquerido decirme, y en tus razones, ejemplos y comparaciones he visto lamucha discreción que tienes y el estremo de la verdadera amistad quealcanzas; y ansimesmo veo y confieso que si no sigo tu parecer y me voytras el mío, voy huyendo del bien y corriendo tras el mal. Prosupuestoesto, has de considerar que yo padezco ahora la enfermedad que suelen teneralgunas mujeres, que se les antoja comer tierra, yeso, carbón y otras cosaspeores, aun asquerosas para mirarse, cuanto más para comerse; así que, esmenester usar de algún artificio para que yo sane, y esto se podía hacercon facilidad, sólo con que comiences, aunque tibia y fingidamente, asolicitar a Camila, la cual no ha de ser tan tierna que a los primerosencuentros dé con su honestidad por tierra; y con solo este principioquedaré contento y tú habrás cumplido con lo que debes a nuestra amistad,no solamente dándome la vida, sino persuadiéndome de no verme sin honra. Yestás obligado a hacer esto por una razón sola; y es que, estando yo, comoestoy, determinado de poner en plática esta prueba, no has tú de consentirque yo dé cuenta de mi desatino a otra persona, con que pondría en aventurael honor que tú procuras que no pierda; y, cuando el tuyo no esté en elpunto que debe en la intención de Camila en tanto que la solicitares,importa poco o nada, pues con brevedad, viendo en ella la entereza queesperamos, le podrás decir la pura verdad de nuestro artificio, con quevolverá tu crédito al ser primero. Y, pues tan poco aventuras y tantocontento me puedes dar aventurándote, no lo dejes de hacer, aunque másinconvenientes se te pongan delante, pues, como ya he dicho, con sólo quecomiences daré por concluida la causa.»Viendo Lotario la resoluta voluntad de Anselmo, y no sabiendo qué másejemplos traerle ni qué más razones mostrarle para que no la siguiese, yviendo que le amenazaba que daría a otro cuenta de su mal deseo, por evitarmayor mal, determinó de contentarle y hacer lo que le pedía, con propósitoe intención de guiar aquel negocio de modo que, sin alterar lospensamientos de Camila, quedase Anselmo satisfecho; y así, le respondió queno comunicase su pensamiento con otro alguno, que él tomaba a su cargoaquella empresa, la cual comenzaría cuando a él le diese más gusto.Abrazóle Anselmo tierna y amorosamente, y agradecióle su ofrecimiento, comosi alguna grande merced le hubiera hecho; y quedaron de acuerdo entre losdos que desde otro día siguiente se comenzase la obra; que él le daríalugar y tiempo como a sus solas pudiese hablar a Camila, y asimesmo ledaría dineros y joyas que darla y que ofrecerla. Aconsejóle que le diesemúsicas, que escribiese versos en su alabanza, y que, cuando él no quisiesetomar trabajo de hacerlos, él mesmo los haría. A todo se ofreció Lotario,bien con diferente intención que Anselmo pensaba.»Y con este acuerdo se volvieron a casa de Anselmo, donde hallaron a Camilacon ansia y cuidado, esperando a su esposo, porque aquel día tardaba envenir más de lo acostumbrado.
»Fuese Lotario a su casa, y Anselmo quedó en la suya, tan contento comoLotario fue pensativo, no sabiendo qué traza dar para salir bien de aquelimpertinente negocio. Pero aquella noche pensó el modo que tendría paraengañar a Anselmo, sin ofender a Camila; y otro día vino a comer con suamigo, y fue bien recebido de Camila, la cual le recebía y regalaba conmucha voluntad, por entender la buena que su esposo le tenía.»Acabaron de comer, levantaron los manteles y Anselmo dijo a Lotario que sequedase allí con Camila, en tanto que él iba a un negocio forzoso, quedentro de hora y media volvería. Rogóle Camila que no se fuese y Lotario seofreció a hacerle compañía, más nada aprovechó con Anselmo; antes,importunó a Lotario que se quedase y le aguardase, porque tenía que tratarcon él una cosa de mucha importancia. Dijo también a Camila que no dejasesolo a Lotario en tanto que él volviese. En efeto, él supo tan bien fingirla necesidad, o necedad, de su ausencia, que nadie pudiera entender que erafingida. Fuese Anselmo, y quedaron solos a la mesa Camila y Lotario, porquela demás gente de casa toda se había ido a comer. Viose Lotario puesto enla estacada que su amigo deseaba y con el enemigo delante, que pudieravencer con sola su hermosura a un escuadrón de caballeros armados: mirad siera razón que le temiera Lotario.»Pero lo que hizo fue poner el codo sobre el brazo de la silla y la manoabierta en la mejilla, y, pidiendo perdón a Camila del mal comedimiento,dijo que quería reposar un poco en tanto que Anselmo volvía. Camila lerespondió que mejor reposaría en el estrado que en la silla, y así, le rogóse entrase a dormir en él. No quiso Lotario, y allí se quedó dormido hastaque volvió Anselmo, el cual, como halló a Camila en su aposento y a Lotariodurmiendo, creyó que, como se había tardado tanto, ya habrían tenido losdos lugar para hablar, y aun para dormir, y no vio la hora en que Lotariodespertase, para volverse con él fuera y preguntarle de su ventura.»Todo le sucedió como él quiso: Lotario despertó, y luego salieron los dosde casa, y así, le preguntó lo que deseaba, y le respondió Lotario que nole había parecido ser bien que la primera vez se descubriese del todo; yasí, no había hecho otra cosa que alabar a Camila de hermosa, diciéndoleque en toda la ciudad no se trataba de otra cosa que de su hermosura ydiscreción, y que éste le había parecido buen principio para entrar ganandola voluntad, y disponiéndola a que otra vez le escuchase con gusto, usandoen esto del artificio que el demonio usa cuando quiere engañar a alguno queestá puesto en atalaya de mirar por sí: que se transforma en ángel de luz,siéndolo él de tinieblas, y, poniéndole delante apariencias buenas, al cabodescubre quién es y sale con su intención, si a los principios no esdescubierto su engaño. Todo esto le contentó mucho a Anselmo, y dijo quecada día daría el mesmo lugar, aunque no saliese de casa, porque en ella seocuparía en cosas que Camila no pudiese venir en conocimiento de suartificio.»Sucedió, pues, que se pasaron muchos días que, sin decir Lotario palabra aCamila, respondía a Anselmo que la hablaba y jamás podía sacar della unapequeña muestra de venir en ninguna cosa que mala fuese, ni aun dar unaseñal de sombra de esperanza; antes, decía que le amenazaba que si de aquelmal pensamiento no se quitaba, que lo había de decir a su esposo.»-Bien está -dijo Anselmo-. Hasta aquí ha resistido Camila a las palabras;es menester ver cómo resiste a las obras: yo os daré mañana dos mil escudosde oro para que se los ofrezcáis, y aun se los deis, y otros tantos paraque compréis joyas con que cebarla; que las mujeres suelen ser aficionadas,y más si son hermosas, por más castas que sean, a esto de traerse bien yandar galanas; y si ella resiste a esta tentación, yo quedaré satisfecho yno os daré más pesadumbre.»Lotario respondió que ya que había comenzado, que él llevaría hasta el finaquella empresa, puesto que entendía salir della cansado y vencido. Otrodía recibió los cuatro mil escudos, y con ellos cuatro mil confusiones,porque no sabía qué decirse para mentir de nuevo; pero, en efeto, determinóde decirle que Camila estaba tan entera a las dádivas y promesas como a laspalabras, y que no había para qué cansarse más, porque todo el tiempo segastaba en balde.»Pero la suerte, que las cosas guiaba de otra manera, ordenó que, habiendodejado Anselmo solos a Lotario y a Camila, como otras veces solía, él seencerró en un aposento y por los agujeros de la cerradura estuvo mirando yescuchando lo que los dos trataban, y vio que en más de media hora Lotariono habló palabra a Camila, ni se la hablara si allí estuviera un siglo, ycayó en la cuenta de que cuanto su amigo le había dicho de las respuestasde Camila todo era ficción y mentira. Y, para ver si esto era ansí, saliódel aposento, y, llamando a Lotario aparte, le preguntó qué nuevas había yde qué temple estaba Camila. Lotario le respondió que no pensaba más darlepuntada en aquel negocio, porque respondía tan áspera y desabridamente, queno tendría ánimo para volver a decirle cosa alguna.»-¡Ah! -dijo Anselmo-, Lotario, Lotario, y cuán mal correspondes a lo queme debes y a lo mucho que de ti confío! Ahora te he estado mirando por ellugar que concede la entrada desta llave, y he visto que no has dichopalabra a Camila, por donde me doy a entender que aun las primeras letienes por decir; y si esto es así, como sin duda lo es, ¿para qué meengañas, o por qué quieres quitarme con tu industria los medios que yopodría hallar para conseguir mi deseo?»No dijo más Anselmo, pero bastó lo que había dicho para dejar corrido yconfuso a Lotario; el cual, casi como tomando por punto de honra el habersido hallado en mentira, juró a Anselmo que desde aquel momento tomaba tana su cargo el contentalle y no mentille, cual lo vería si con curiosidad loespiaba; cuanto más, que no sería menester usar de ninguna diligencia,porque la que él pensaba poner en satisfacelle le quitaría de todasospecha. Creyóle Anselmo, y para dalle comodidad más segura y menossobresaltada, determinó de hacer ausencia de su casa por ocho días, yéndosea la de un amigo suyo, que estaba en una aldea, no lejos de la ciudad, conel cual amigo concertó que le enviase a llamar con muchas veras, para tenerocasión con Camila de su partida.»¡Desdichado y mal advertido de ti, Anselmo! ¿Qué es lo que haces? ¿Qué eslo que trazas? ¿Qué es lo que ordenas? Mira que haces contra ti mismo,trazando tu deshonra y ordenando tu perdición. Buena es tu esposa Camila,quieta y sosegadamente la posees, nadie sobresalta tu gusto, suspensamientos no salen de las paredes de su casa, tú eres su cielo en latierra, el blanco de sus deseos, el cumplimiento de sus gustos y la medidapor donde mide su voluntad, ajustándola en todo con la tuya y con la delcielo. Pues si la mina de su honor, hermosura, honestidad y recogimiento teda sin ningún trabajo toda la riqueza que tiene y tú puedes desear, ¿paraqué quieres ahondar la tierra y buscar nuevas vetas de nuevo y nunca vistotesoro, poniéndote a peligro que toda venga abajo, pues, en fin, sesustenta sobre los débiles arrimos de su flaca naturaleza? Mira que el quebusca lo imposible es justo que lo posible se le niegue, como lo dijo mejorun poeta, diciendo:Busco en la muerte la vida,salud en la enfermedad,en la prisión libertad,en lo cerrado saliday en el traidor lealtad.Pero mi suerte, de quienjamás espero algún bien,con el cielo ha estatuidoque, pues lo imposible pido,lo posible aun no me den.»Fuese otro día Anselmo a la aldea, dejando dicho a Camila que el tiempoque él estuviese ausente vendría Lotario a mirar por su casa y a comer conella; que tuviese cuidado de tratalle como a su mesma persona. AfligióseCamila, como mujer discreta y honrada, de la orden que su marido le dejaba,y díjole que advirtiese que no estaba bien que nadie, él ausente, ocupasela silla de su mesa, y que si lo hacía por no tener confianza que ellasabría gobernar su casa, que probase por aquella vez, y vería porexperiencia como para mayores cuidados era bastante. Anselmo le replicó queaquél era su gusto, y que no tenía más que hacer que bajar la cabeza yobedecelle. Camila dijo que ansí lo haría, aunque contra su voluntad.»Partióse Anselmo, y otro día vino a su casa Lotario, donde fue rescebidode Camila con amoroso y honesto acogimiento; la cual jamás se puso en partedonde Lotario la viese a solas, porque siempre andaba rodeada de suscriados y criadas, especialmente de una doncella suya, llamada Leonela, aquien ella mucho quería, por haberse criado desde niñas las dos juntas encasa de los padres de Camila, y cuando se casó con Anselmo la trujoconsigo.»En los tres días primeros nunca Lotario le dijo nada, aunque pudiera,cuando se levantaban los manteles y la gente se iba a comer con muchapriesa, porque así se lo tenía mandado Camila. Y aun tenía orden Leonelaque comiese primero que Camila, y que de su lado jamás se quitase; masella, que en otras cosas de su gusto tenía puesto el pensamiento y habíamenester aquellas horas y aquel lugar para ocuparle en sus contentos, nocumplía todas veces el mandamiento de su señora; antes, los dejaba solos,como si aquello le hubieran mandado. Mas la honesta presencia de Camila, lagravedad de su rostro, la compostura de su persona era tanta, que poníafreno a la lengua de Lotario.»Pero el provecho que las muchas virtudes de Camila hicieron, poniendosilencio en la lengua de Lotario, redundó más en daño de los dos, porque sila lengua callaba, el pensamiento discurría y tenía lugar de contemplar,parte por parte, todos los estremos de bondad y de hermosura que Camilatenía, bastantes a enamorar una estatua de mármol, no que un corazón decarne.»Mirábala Lotario en el lugar y espacio que había de hablarla, yconsideraba cuán digna era de ser amada; y esta consideración comenzó pocoa poco a dar asaltos a los respectos que a Anselmo tenía, y mil veces quisoausentarse de la ciudad y irse donde jamás Anselmo le viese a él, ni élviese a Camila; mas ya le hacía impedimento y detenía el gusto que hallabaen mirarla. Hacíase fuerza y peleaba consigo mismo por desechar y no sentirel contento que le llevaba a mirar a Camila. Culpábase a solas de sudesatino, llamábase mal amigo y aun mal cristiano; hacía discursos ycomparaciones entre él y Anselmo, y todos paraban en decir que más habíasido la locura y confianza de Anselmo que su poca fidelidad, y que si asítuviera disculpa para con Dios como para con los hombres de lo que pensabahacer, que no temiera pena por su culpa.»En efecto, la hermosura y la bondad de Camila, juntamente con la ocasiónque el ignorante marido le había puesto en las manos, dieron con la lealtadde Lotario en tierra. Y, sin mirar a otra cosa que aquella a que su gustole inclinaba, al cabo de tres días de la ausencia de Anselmo, en los cualesestuvo en continua batalla por resistir a sus deseos, comenzó a requebrar aCamila, con tanta turbación y con tan amorosas razones que Camila quedósuspensa, y no hizo otra cosa que levantarse de donde estaba y entrarse asu aposento, sin respondelle palabra alguna. Mas no por esta sequedad sedesmayó en Lotario la esperanza, que siempre nace juntamente con el amor;antes, tuvo en más a Camila. La cual, habiendo visto en Lotario lo quejamás pensara, no sabía qué hacerse. Y, pareciéndole no ser cosa segura nibien hecha darle ocasión ni lugar a que otra vez la hablase, determinó deenviar aquella mesma noche, como lo hizo, a un criado suyo con un billete aAnselmo, donde le escribió estas razones:
»Fuese Lotario a su casa, y Anselmo quedó en la suya, tan contento comoLotario fue pensativo, no sabiendo qué traza dar para salir bien de aquelimpertinente negocio. Pero aquella noche pensó el modo que tendría paraengañar a Anselmo, sin ofender a Camila; y otro día vino a comer con suamigo, y fue bien recebido de Camila, la cual le recebía y regalaba conmucha voluntad, por entender la buena que su esposo le tenía.»Acabaron de comer, levantaron los manteles y Anselmo dijo a Lotario que sequedase allí con Camila, en tanto que él iba a un negocio forzoso, quedentro de hora y media volvería. Rogóle Camila que no se fuese y Lotario seofreció a hacerle compañía, más nada aprovechó con Anselmo; antes,importunó a Lotario que se quedase y le aguardase, porque tenía que tratarcon él una cosa de mucha importancia. Dijo también a Camila que no dejasesolo a Lotario en tanto que él volviese. En efeto, él supo tan bien fingirla necesidad, o necedad, de su ausencia, que nadie pudiera entender que erafingida. Fuese Anselmo, y quedaron solos a la mesa Camila y Lotario, porquela demás gente de casa toda se había ido a comer. Viose Lotario puesto enla estacada que su amigo deseaba y con el enemigo delante, que pudieravencer con sola su hermosura a un escuadrón de caballeros armados: mirad siera razón que le temiera Lotario.»Pero lo que hizo fue poner el codo sobre el brazo de la silla y la manoabierta en la mejilla, y, pidiendo perdón a Camila del mal comedimiento,dijo que quería reposar un poco en tanto que Anselmo volvía. Camila lerespondió que mejor reposaría en el estrado que en la silla, y así, le rogóse entrase a dormir en él. No quiso Lotario, y allí se quedó dormido hastaque volvió Anselmo, el cual, como halló a Camila en su aposento y a Lotariodurmiendo, creyó que, como se había tardado tanto, ya habrían tenido losdos lugar para hablar, y aun para dormir, y no vio la hora en que Lotariodespertase, para volverse con él fuera y preguntarle de su ventura.»Todo le sucedió como él quiso: Lotario despertó, y luego salieron los dosde casa, y así, le preguntó lo que deseaba, y le respondió Lotario que nole había parecido ser bien que la primera vez se descubriese del todo; yasí, no había hecho otra cosa que alabar a Camila de hermosa, diciéndoleque en toda la ciudad no se trataba de otra cosa que de su hermosura ydiscreción, y que éste le había parecido buen principio para entrar ganandola voluntad, y disponiéndola a que otra vez le escuchase con gusto, usandoen esto del artificio que el demonio usa cuando quiere engañar a alguno queestá puesto en atalaya de mirar por sí: que se transforma en ángel de luz,siéndolo él de tinieblas, y, poniéndole delante apariencias buenas, al cabodescubre quién es y sale con su intención, si a los principios no esdescubierto su engaño. Todo esto le contentó mucho a Anselmo, y dijo quecada día daría el mesmo lugar, aunque no saliese de casa, porque en ella seocuparía en cosas que Camila no pudiese venir en conocimiento de suartificio.»Sucedió, pues, que se pasaron muchos días que, sin decir Lotario palabra aCamila, respondía a Anselmo que la hablaba y jamás podía sacar della unapequeña muestra de venir en ninguna cosa que mala fuese, ni aun dar unaseñal de sombra de esperanza; antes, decía que le amenazaba que si de aquelmal pensamiento no se quitaba, que lo había de decir a su esposo.»-Bien está -dijo Anselmo-. Hasta aquí ha resistido Camila a las palabras;es menester ver cómo resiste a las obras: yo os daré mañana dos mil escudosde oro para que se los ofrezcáis, y aun se los deis, y otros tantos paraque compréis joyas con que cebarla; que las mujeres suelen ser aficionadas,y más si son hermosas, por más castas que sean, a esto de traerse bien yandar galanas; y si ella resiste a esta tentación, yo quedaré satisfecho yno os daré más pesadumbre.»Lotario respondió que ya que había comenzado, que él llevaría hasta el finaquella empresa, puesto que entendía salir della cansado y vencido. Otrodía recibió los cuatro mil escudos, y con ellos cuatro mil confusiones,porque no sabía qué decirse para mentir de nuevo; pero, en efeto, determinóde decirle que Camila estaba tan entera a las dádivas y promesas como a laspalabras, y que no había para qué cansarse más, porque todo el tiempo segastaba en balde.»Pero la suerte, que las cosas guiaba de otra manera, ordenó que, habiendodejado Anselmo solos a Lotario y a Camila, como otras veces solía, él seencerró en un aposento y por los agujeros de la cerradura estuvo mirando yescuchando lo que los dos trataban, y vio que en más de media hora Lotariono habló palabra a Camila, ni se la hablara si allí estuviera un siglo, ycayó en la cuenta de que cuanto su amigo le había dicho de las respuestasde Camila todo era ficción y mentira. Y, para ver si esto era ansí, saliódel aposento, y, llamando a Lotario aparte, le preguntó qué nuevas había yde qué temple estaba Camila. Lotario le respondió que no pensaba más darlepuntada en aquel negocio, porque respondía tan áspera y desabridamente, queno tendría ánimo para volver a decirle cosa alguna.»-¡Ah! -dijo Anselmo-, Lotario, Lotario, y cuán mal correspondes a lo queme debes y a lo mucho que de ti confío! Ahora te he estado mirando por ellugar que concede la entrada desta llave, y he visto que no has dichopalabra a Camila, por donde me doy a entender que aun las primeras letienes por decir; y si esto es así, como sin duda lo es, ¿para qué meengañas, o por qué quieres quitarme con tu industria los medios que yopodría hallar para conseguir mi deseo?»No dijo más Anselmo, pero bastó lo que había dicho para dejar corrido yconfuso a Lotario; el cual, casi como tomando por punto de honra el habersido hallado en mentira, juró a Anselmo que desde aquel momento tomaba tana su cargo el contentalle y no mentille, cual lo vería si con curiosidad loespiaba; cuanto más, que no sería menester usar de ninguna diligencia,porque la que él pensaba poner en satisfacelle le quitaría de todasospecha. Creyóle Anselmo, y para dalle comodidad más segura y menossobresaltada, determinó de hacer ausencia de su casa por ocho días, yéndosea la de un amigo suyo, que estaba en una aldea, no lejos de la ciudad, conel cual amigo concertó que le enviase a llamar con muchas veras, para tenerocasión con Camila de su partida.»¡Desdichado y mal advertido de ti, Anselmo! ¿Qué es lo que haces? ¿Qué eslo que trazas? ¿Qué es lo que ordenas? Mira que haces contra ti mismo,trazando tu deshonra y ordenando tu perdición. Buena es tu esposa Camila,quieta y sosegadamente la posees, nadie sobresalta tu gusto, suspensamientos no salen de las paredes de su casa, tú eres su cielo en latierra, el blanco de sus deseos, el cumplimiento de sus gustos y la medidapor donde mide su voluntad, ajustándola en todo con la tuya y con la delcielo. Pues si la mina de su honor, hermosura, honestidad y recogimiento teda sin ningún trabajo toda la riqueza que tiene y tú puedes desear, ¿paraqué quieres ahondar la tierra y buscar nuevas vetas de nuevo y nunca vistotesoro, poniéndote a peligro que toda venga abajo, pues, en fin, sesustenta sobre los débiles arrimos de su flaca naturaleza? Mira que el quebusca lo imposible es justo que lo posible se le niegue, como lo dijo mejorun poeta, diciendo:Busco en la muerte la vida,salud en la enfermedad,en la prisión libertad,en lo cerrado saliday en el traidor lealtad.Pero mi suerte, de quienjamás espero algún bien,con el cielo ha estatuidoque, pues lo imposible pido,lo posible aun no me den.»Fuese otro día Anselmo a la aldea, dejando dicho a Camila que el tiempoque él estuviese ausente vendría Lotario a mirar por su casa y a comer conella; que tuviese cuidado de tratalle como a su mesma persona. AfligióseCamila, como mujer discreta y honrada, de la orden que su marido le dejaba,y díjole que advirtiese que no estaba bien que nadie, él ausente, ocupasela silla de su mesa, y que si lo hacía por no tener confianza que ellasabría gobernar su casa, que probase por aquella vez, y vería porexperiencia como para mayores cuidados era bastante. Anselmo le replicó queaquél era su gusto, y que no tenía más que hacer que bajar la cabeza yobedecelle. Camila dijo que ansí lo haría, aunque contra su voluntad.»Partióse Anselmo, y otro día vino a su casa Lotario, donde fue rescebidode Camila con amoroso y honesto acogimiento; la cual jamás se puso en partedonde Lotario la viese a solas, porque siempre andaba rodeada de suscriados y criadas, especialmente de una doncella suya, llamada Leonela, aquien ella mucho quería, por haberse criado desde niñas las dos juntas encasa de los padres de Camila, y cuando se casó con Anselmo la trujoconsigo.»En los tres días primeros nunca Lotario le dijo nada, aunque pudiera,cuando se levantaban los manteles y la gente se iba a comer con muchapriesa, porque así se lo tenía mandado Camila. Y aun tenía orden Leonelaque comiese primero que Camila, y que de su lado jamás se quitase; masella, que en otras cosas de su gusto tenía puesto el pensamiento y habíamenester aquellas horas y aquel lugar para ocuparle en sus contentos, nocumplía todas veces el mandamiento de su señora; antes, los dejaba solos,como si aquello le hubieran mandado. Mas la honesta presencia de Camila, lagravedad de su rostro, la compostura de su persona era tanta, que poníafreno a la lengua de Lotario.»Pero el provecho que las muchas virtudes de Camila hicieron, poniendosilencio en la lengua de Lotario, redundó más en daño de los dos, porque sila lengua callaba, el pensamiento discurría y tenía lugar de contemplar,parte por parte, todos los estremos de bondad y de hermosura que Camilatenía, bastantes a enamorar una estatua de mármol, no que un corazón decarne.»Mirábala Lotario en el lugar y espacio que había de hablarla, yconsideraba cuán digna era de ser amada; y esta consideración comenzó pocoa poco a dar asaltos a los respectos que a Anselmo tenía, y mil veces quisoausentarse de la ciudad y irse donde jamás Anselmo le viese a él, ni élviese a Camila; mas ya le hacía impedimento y detenía el gusto que hallabaen mirarla. Hacíase fuerza y peleaba consigo mismo por desechar y no sentirel contento que le llevaba a mirar a Camila. Culpábase a solas de sudesatino, llamábase mal amigo y aun mal cristiano; hacía discursos ycomparaciones entre él y Anselmo, y todos paraban en decir que más habíasido la locura y confianza de Anselmo que su poca fidelidad, y que si asítuviera disculpa para con Dios como para con los hombres de lo que pensabahacer, que no temiera pena por su culpa.»En efecto, la hermosura y la bondad de Camila, juntamente con la ocasiónque el ignorante marido le había puesto en las manos, dieron con la lealtadde Lotario en tierra. Y, sin mirar a otra cosa que aquella a que su gustole inclinaba, al cabo de tres días de la ausencia de Anselmo, en los cualesestuvo en continua batalla por resistir a sus deseos, comenzó a requebrar aCamila, con tanta turbación y con tan amorosas razones que Camila quedósuspensa, y no hizo otra cosa que levantarse de donde estaba y entrarse asu aposento, sin respondelle palabra alguna. Mas no por esta sequedad sedesmayó en Lotario la esperanza, que siempre nace juntamente con el amor;antes, tuvo en más a Camila. La cual, habiendo visto en Lotario lo quejamás pensara, no sabía qué hacerse. Y, pareciéndole no ser cosa segura nibien hecha darle ocasión ni lugar a que otra vez la hablase, determinó deenviar aquella mesma noche, como lo hizo, a un criado suyo con un billete aAnselmo, donde le escribió estas razones:
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