Capítulo XIII: Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos


Don Quijote de la Mancha


Miguel de Cervantes Saavedra


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Divididos estaban caballeros y escuderos: éstos contándose sus vidas, yaquéllos sus amores; pero la historia cuenta primero el razonamiento de losmozos y luego prosigue el de los amos; y así, dice que, apartándose un pocodellos, el del Bosque dijo a Sancho:

-Trabajosa vida es la que pasamos y vivimos, señor mío, estos que somosescuderos de caballeros andantes: en verdad que comemos el pan en el sudorde nuestros rostros, que es una de las maldiciones que echó Dios a nuestrosprimeros padres.

-También se puede decir -añadió Sancho- que lo comemos en el yelo denuestros cuerpos; porque, ¿quién más calor y más frío que los miserablesescuderos de la andante caballería? Y aun menos mal si comiéramos, pues losduelos, con pan son menos; pero tal vez hay que se nos pasa un día y dossin desayunarnos, si no es del viento que sopla.

-Todo eso se puede llevar y conllevar -dijo el del Bosque-, con laesperanza que tenemos del premio; porque si demasiadamente no esdesgraciado el caballero andante a quien un escudero sirve, por lo menos, apocos lances se verá premiado con un hermoso gobierno de cualque ínsula, ocon un condado de buen parecer.

Yo -replicó Sancho- ya he dicho a mi amo que me contento con el gobierno dealguna ínsula; y él es tan noble y tan liberal, que me le ha prometidomuchas y diversas veces.

Yo -dijo el del Bosque-, con un canonicato quedaré satisfecho de misservicios, y ya me le tiene mandado mi amo, y ¡qué tal!

-Debe de ser -dijo Sancho- su amo de vuesa merced caballero a loeclesiástico, y podrá hacer esas mercedes a sus buenos escuderos; pero elmío es meramente lego, aunque yo me acuerdo cuando le querían aconsejarpersonas discretas, aunque, a mi parecer mal intencionadas, que procuraseser arzobispo; pero él no quiso sino ser emperador, y yo estaba entoncestemblando si le venía en voluntad de ser de la Iglesia, por no hallarmesuficiente de tener beneficios por ella; porque le hago saber a vuesamerced que, aunque parezco hombre, soy una bestia para ser de la Iglesia.

-Pues en verdad que lo yerra vuesa merced -dijo el del Bosque-, a causa quelos gobiernos insulanos no son todos de buena data. Algunos hay torcidos,algunos pobres, algunos malencónicos, y finalmente, el más erguido y biendispuesto trae consigo una pesada carga de pensamientos y de incomodidades,que pone sobre sus hombros el desdichado que le cupo en suerte. Harto mejorsería que los que profesamos esta maldita servidumbre nos retirásemos anuestras casas, y allí nos entretuviésemos en ejercicios más suaves, comosi dijésemos, cazando o pescando; que, ¿qué escudero hay tan pobre en elmundo, a quien le falte un rocín, y un par de galgos, y una caña de pescar,con que entretenerse en su aldea?

-A mí no me falta nada deso -respondió Sancho-: verdad es que no tengorocín, pero tengo un asno que vale dos veces más que el caballo de mi amo.Mala pascua me dé Dios, y sea la primera que viniere, si le trocara por él,aunque me diesen cuatro fanegas de cebada encima. A burla tendrá vuesamerced el valor de mi rucio, que rucio es el color de mi jumento. Puesgalgos no me habían de faltar, habiéndolos sobrados en mi pueblo; y más,que entonces es la caza más gustosa cuando se hace a costa ajena.

-Real y verdaderamente -respondió el del Bosque-, señor escudero, que tengopropuesto y determinado de dejar estas borracherías destos caballeros, yretirarme a mi aldea, y criar mis hijitos, que tengo tres como tresorientales perlas.

-Dos tengo yo -dijo Sancho-, que se pueden presentar al Papa en persona,especialmente una muchacha a quien crío para condesa, si Dios fuereservido, aunque a pesar de su madre.

-Y ¿qué edad tiene esa señora que se cría para condesa? -preguntó el delBosque.

-Quince años, dos más a menos -respondió Sancho-, pero es tan grande comouna lanza, y tan fresca como una mañana de abril, y tiene una fuerza de unganapán.

-Partes son ésas -respondió el del Bosque- no sólo para ser condesa, sinopara ser ninfa del verde bosque. ¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe detener la bellaca!

A lo que respondió Sancho, algo mohíno:

-Ni ella es puta, ni lo fue su madre, ni lo será ninguna de las dos, Diosquiriendo, mientras yo viviere. Y háblese más comedidamente, que, parahaberse criado vuesa merced entre caballeros andantes, que son la mesmacortesía, no me parecen muy concertadas esas palabras.

-¡Oh, qué mal se le entiende a vuesa merced -replicó el del Bosque- deachaque de alabanzas, señor escudero! ¿Cómo y no sabe que cuando algúncaballero da una buena lanzada al toro en la plaza, o cuando alguna personahace alguna cosa bien hecha, suele decir el vulgo: "¡Oh hideputa, puto, yqué bien que lo ha hecho!?" Y aquello que parece vituperio, en aqueltérmino, es alabanza notable; y renegad vos, señor, de los hijos o hijasque no hacen obras que merezcan se les den a sus padres loores semejantes.

-Sí reniego -respondió Sancho-, y dese modo y por esa misma razón podíaechar vuestra merced a mí y hijos y a mi mujer toda una putería encima,porque todo cuanto hacen y dicen son estremos dignos de semejantesalabanzas, y para volverlos a ver ruego yo a Dios me saque de pecadomortal, que lo mesmo será si me saca deste peligroso oficio de escudero, enel cual he incurrido segunda vez, cebado y engañado de una bolsa con cienducados que me hallé un día en el corazón de Sierra Morena, y el diablo mepone ante los ojos aquí, allí, acá no, sino acullá, un talego lleno dedoblones, que me parece que a cada paso le toco con la mano, y me abrazocon él, y lo llevo a mi casa, y echo censos, y fundo rentas, y vivo como unpríncipe; y el rato que en esto pienso se me hacen fáciles y llevaderoscuantos trabajos padezco con este mentecato de mi amo, de quien sé quetiene más de loco que de caballero.

-Por eso -respondió el del Bosque- dicen que la codicia rompe el saco; y siva a tratar dellos, no hay otro mayor en el mundo que mi amo, porque es deaquellos que dicen: "Cuidados ajenos matan al asno"; pues, porque cobreotro caballero el juicio que ha perdido, se hace el loco, y anda buscandolo que no sé si después de hallado le ha de salir a los hocicos.

-Y ¿es enamorado, por dicha?

-Sí -dijo el del Bosque-: de una tal Casildea de Vandalia, la más cruda yla más asada señora que en todo el orbe puede hallarse; pero no cojea delpie de la crudeza, que otros mayores embustes le gruñen en las entrañas, yello dirá antes de muchas horas.

-No hay camino tan llano -replicó Sancho- que no tenga algún tropezón obarranco; en otras casas cuecen habas, y en la mía, a calderadas; másacompañados y paniaguados debe de tener la locura que la discreción. Mas sies verdad lo que comúnmente se dice, que el tener compañeros en lostrabajos suele servir de alivio en ellos, con vuestra merced podréconsolarme, pues sirve a otro amo tan tonto como el mío.

-Tonto, pero valiente -respondió el del Bosque-, y más bellaco que tonto yque valiente.

-Eso no es el mío -respondió Sancho-: digo, que no tiene nada de bellaco;antes tiene una alma como un cántaro: no sabe hacer mal a nadie, sino biena todos, ni tiene malicia alguna: un niño le hará entender que es de nocheen la mitad del día; y por esta sencillez le quiero como a las telas de micorazón, y no me amaño a dejarle, por más disparates que haga.

-Con todo eso, hermano y señor -dijo el del Bosque-, si el ciego guía alciego, ambos van a peligro de caer en el hoyo. Mejor es retirarnos con buencompás de pies, y volvernos a nuestras querencias; que los que buscanaventuras no siempre las hallan buenas.

Escupía Sancho a menudo, al parecer, un cierto género de saliva pegajosa yalgo seca; lo cual visto y notado por el caritativo bosqueril escudero,dijo:

-Paréceme que de lo que hemos hablado se nos pegan al paladar las lenguas;pero yo traigo un despegador pendiente del arzón de mi caballo, que es talcomo bueno.

Y, levantándose, volvió desde allí a un poco con una gran bota de vino yuna empanada de media vara; y no es encarecimiento, porque era de un conejoalbar, tan grande que Sancho, al tocarla, entendió ser de algún cabrón, noque de cabrito; lo cual visto por Sancho, dijo:

-Y ¿esto trae vuestra merced consigo, señor?

-Pues, ¿qué se pensaba? -respondió el otro-. ¿Soy yo por ventura algúnescudero de agua y lana? Mejor repuesto traigo yo en las ancas de micaballo que lleva consigo cuando va de camino un general.

Comió Sancho sin hacerse de rogar, y tragaba a escuras bocados de nudos desuelta. Y dijo:

-Vuestra merced sí que es escudero fiel y legal, moliente y corriente,magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquípor arte de encantamento, parécelo, a lo menos; y no como yo, mezquino ymalaventurado, que sólo traigo en mis alforjas un poco de queso, tan duroque pueden descalabrar con ello a un gigante, a quien hacen compañía cuatrodocenas de algarrobas y otras tantas de avellanas y nueces, mercedes a laestrecheza de mi dueño, y a la opinión que tiene y orden que guarda de quelos caballeros andantes no se han de mantener y sustentar sino con frutassecas y con las yerbas del campo.

-Por mi fe, hermano -replicó el del Bosque-, que yo no tengo hecho elestómago a tagarninas, ni a piruétanos, ni a raíces de los montes. Allá selo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman loque ellos mandaren. Fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de lasilla, por sí o por no; y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocosratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos.

Y, diciendo esto, se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola,puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y, enacabando de beber, dejó caer la cabeza a un lado, y, dando un gran suspiro,dijo:

-¡Oh hideputa bellaco, y cómo es católico!

-¿Veis ahí -dijo el del Bosque, en oyendo el hideputa de Sancho-, cómohabéis alabado este vino llamándole hideputa?

-Digo -respondió Sancho-, que confieso que conozco que no es deshonrallamar hijo de puta a nadie, cuando cae debajo del entendimiento dealabarle. Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vinoes de Ciudad Real?

-¡Bravo mojón! -respondió el del Bosque-. En verdad que no es de otraparte, y que tiene algunos años de ancianidad.

-¡A mí con eso! -dijo Sancho-. No toméis menos, sino que se me fuera a mípor alto dar alcance a su conocimiento. ¿No será bueno, señor escudero, quetenga yo un instinto tan grande y tan natural, en esto de conocer vinos,que, en dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor,y la dura, y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias alvino atañederas? Pero no hay de qué maravillarse, si tuve en mi linaje porparte de mi padre los dos más excelentes mojones que en luengos añosconoció la Mancha; para prueba de lo cual les sucedió lo que ahora diré:«Diéronles a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecerdel estado, cualidad, bondad o malicia del vino. El uno lo probó con lapunta de la lengua, el otro no hizo más de llegarlo a las narices. Elprimero dijo que aquel vino sabía a hierro, el segundo dijo que más sabía acordobán. El dueño dijo que la cuba estaba limpia, y que el tal vino notenía adobo alguno por donde hubiese tomado sabor de hierro ni de cordobán.Con todo eso, los dos famosos mojones se afirmaron en lo que habían dicho.Anduvo el tiempo, vendióse el vino, y al limpiar de la cuba hallaron enella una llave pequeña, pendiente de una correa de cordobán.» Porque veavuestra merced si quien viene desta ralea podrá dar su parecer ensemejantes causas.

-Por eso digo -dijo el del Bosque- que nos dejemos de andar buscandoaventuras; y, pues tenemos hogazas, no busquemos tortas, y volvámonos anuestras chozas, que allí nos hallará Dios, si Él quiere.

-Hasta que mi amo llegue a Zaragoza, le serviré; que después todos nosentenderemos.

Finalmente, tanto hablaron y tanto bebieron los dos buenos escuderos, quetuvo necesidad el sueño de atarles las lenguas y templarles la sed, quequitársela fuera imposible; y así, asidos entrambos de la ya casi vacíabota, con los bocados a medio mascar en la boca, se quedaron dormidos,donde los dejaremos por ahora, por contar lo que el Caballero del Bosquepasó con el de la Triste Figura.

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