Capítulo XVIII: De lo que sucedió a don Quijote en el castillo o casa del Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes
Don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
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Capítulo XVIII
Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea;las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle;la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a laredonda, que, por ser del Toboso, le renovaron las memorias de su encantaday transformada Dulcinea; y sospirando, y sin mirar lo que decía, ni delantede quién estaba, dijo:
-¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prendade mi mayor amargura!
Oyóle decir esto el estudiante poeta, hijo de don Diego, que con su madrehabía salido a recebirle, y madre y hijo quedaron suspensos de ver laestraña figura de don Quijote; el cual, apeándose de Rocinante, fue conmucha cortesía a pedirle las manos para besárselas, y don Diego dijo:
-Recebid, señora, con vuestro sólito agrado al señor don Quijote de laMancha, que es el que tenéis delante, andante caballero y el más valiente yel más discreto que tiene el mundo.
La señora, que doña Cristina se llamaba, le recibió con muestras de muchoamor y de mucha cortesía, y don Quijote se le ofreció con asaz de discretasy comedidas razones. Casi los mismos comedimientos pasó con el estudiante,que, en oyéndole hablar don Quijote, le tuvo por discreto y agudo.
Aquí pinta el autor todas las circunstancias de la casa de don Diego,pintándonos en ellas lo que contiene una casa de un caballero labrador yrico; pero al traductor desta historia le pareció pasar estas y otrassemejantes menudencias en silencio, porque no venían bien con el propósitoprincipal de la historia, la cual más tiene su fuerza en la verdad que enlas frías digresiones.
Entraron a don Quijote en una sala, desarmóle Sancho, quedó en valones y enjubón de camuza, todo bisunto con la mugre de las armas: el cuello eravalona a lo estudiantil, sin almidón y sin randas; los borceguíes erandatilados, y encerados los zapatos. Ciñóse su buena espada, que pendía deun tahalí de lobos marinos; que es opinión que muchos años fue enfermo delos riñones; cubrióse un herreruelo de buen paño pardo; pero antes de todo,con cinco calderos, o seis, de agua, que en la cantidad de los calderos hayalguna diferencia, se lavó la cabeza y rostro, y todavía se quedó el aguade color de suero, merced a la golosina de Sancho y a la compra de susnegros requesones, que tan blanco pusieron a su amo. Con los referidosatavíos, y con gentil donaire y gallardía, salió don Quijote a otra sala,donde el estudiante le estaba esperando para entretenerle en tanto que lasmesas se ponían; que, por la venida de tan noble huésped, quería la señoradoña Cristina mostrar que sabía y podía regalar a los que a su casallegasen.
En tanto que don Quijote se estuvo desarmando, tuvo lugar don Lorenzo, queasí se llamaba el hijo de don Diego, de decir a su padre:
-¿Quién diremos, señor, que es este caballero que vuesa merced nos hatraído a casa? Que el nombre, la figura, y el decir que es caballeroandante, a mí y a mi madre nos tiene suspensos.
-No sé lo que te diga, hijo -respondió don Diego-; sólo te sabré decir quele he visto hacer cosas del mayor loco del mundo, y decir razones tandiscretas que borran y deshacen sus hechos: háblale tú, y toma el pulso alo que sabe, y, pues eres discreto, juzga de su discreción o tontería loque más puesto en razón estuviere; aunque, para decir verdad, antes letengo por loco que por cuerdo.
Con esto, se fue don Lorenzo a entretener a don Quijote, como queda dicho,y, entre otras pláticas que los dos pasaron, dijo don Quijote a donLorenzo:
-El señor don Diego de Miranda, padre de vuesa merced, me ha dado noticiade la rara habilidad y sutil ingenio que vuestra merced tiene, y, sobretodo, que es vuesa merced un gran poeta.
-Poeta, bien podrá ser -respondió don Lorenzo-, pero grande, ni porpensamiento. Verdad es que yo soy algún tanto aficionado a la poesía y aleer los buenos poetas, pero no de manera que se me pueda dar el nombre degrande que mi padre dice.
-No me parece mal esa humildad -respondió don Quijote-, porque no hay poetaque no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo.
-No hay regla sin excepción -respondió don Lorenzo-, y alguno habrá que losea y no lo piense.
-Pocos -respondió don Quijote-; pero dígame vuesa merced: ¿qué versos sonlos que agora trae entre manos, que me ha dicho el señor su padre que letraen algo inquieto y pensativo? Y si es alguna glosa, a mí se me entiendealgo de achaque de glosas, y holgaría saberlos; y si es que son de justaliteraria, procure vuestra merced llevar el segundo premio, que el primerosiempre se lleva el favor o la gran calidad de la persona, el segundo se lelleva la mera justicia, y el tercero viene a ser segundo, y el primero, aesta cuenta, será el tercero, al modo de las licencias que se dan en lasuniversidades; pero, con todo esto, gran personaje es el nombre de primero.
-Hasta ahora -dijo entre sí don Lorenzo-, no os podré yo juzgar por loco;vamos adelante.
Y díjole:
-Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿qué ciencias ha oído?
-La de la caballería andante -respondió don Quijote-, que es tan buena comola de la poesía, y aun dos deditos más.
-No sé qué ciencia sea ésa -replicó don Lorenzo-, y hasta ahora no hallegado a mi noticia.
-Es una ciencia -replicó don Quijote- que encierra en sí todas o las másciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito, ysaber las leyes de la justicia distributiva y comutativa, para dar a cadauno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber darrazón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequieraque le fuere pedido; ha de ser médico y principalmente herbolario, paraconocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienenvirtud de sanar las heridas, que no ha de andar el caballero andante a cadatriquete buscando quien se las cure; ha de ser astrólogo, para conocer porlas estrellas cuántas horas son pasadas de la noche, y en qué parte y enqué clima del mundo se halla; ha de saber las matemáticas, porque a cadapaso se le ofrecerá tener necesidad dellas; y, dejando aparte que ha deestar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales, decendiendo aotras menudencias, digo que ha de saber nadar como dicen que nadaba el pejeNicolás o Nicolao; ha de saber herrar un caballo y aderezar la silla y elfreno; y, volviendo a lo de arriba, ha de guardar la fe a Dios y a su dama;ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal enlas obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo conlos menesterosos, y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cuestela vida el defenderla. De todas estas grandes y mínimas partes se componeun buen caballero andante; porque vea vuesa merced, señor don Lorenzo, sies ciencia mocosa lo que aprende el caballero que la estudia y la profesa,y si se puede igualar a las más estiradas que en los ginasios y escuelas seenseñan.
-Si eso es así -replicó don Lorenzo-, yo digo que se aventaja esa ciencia atodas.
-¿Cómo si es así? -respondió don Quijote.
Lo que yo quiero decir -dijo don Lorenzo- es que dudo que haya habido, nique los hay ahora, caballeros andantes y adornados de virtudes tantas.
-Muchas veces he dicho lo que vuelvo a decir ahora -respondió don Quijote-:que la mayor parte de la gente del mundo está de parecer de que no hahabido en él caballeros andantes; y, por parecerme a mí que si el cielomilagrosamente no les da a entender la verdad de que los hubo y de que loshay, cualquier trabajo que se tome ha de ser en vano, como muchas veces melo ha mostrado la experiencia, no quiero detenerme agora en sacar a vuesamerced del error que con los muchos tiene; lo que pienso hacer es el rogaral cielo le saque dél, y le dé a entender cuán provechosos y cuánnecesarios fueron al mundo los caballeros andantes en los pasados siglos, ycuán útiles fueran en el presente si se usaran; pero triunfan ahora, porpecados de las gentes, la pereza, la ociosidad, la gula y el regalo.
-Escapado se nos ha nuestro huésped -dijo a esta sazón entre sí donLorenzo-, pero, con todo eso, él es loco bizarro, y yo sería mentecatoflojo si así no lo creyese.
Aquí dieron fin a su plática, porque los llamaron a comer. Preguntó donDiego a su hijo qué había sacado en limpio del ingenio del huésped. A loque él respondió:
-No le sacarán del borrador de su locura cuantos médicos y buenosescribanos tiene el mundo: él es un entreverado loco, lleno de lúcidosintervalos.
Fuéronse a comer, y la comida fue tal como don Diego había dicho en elcamino que la solía dar a sus convidados: limpia, abundante y sabrosa; perode lo que más se contentó don Quijote fue del maravilloso silencio que entoda la casa había, que semejaba un monasterio de cartujos. Levantados,pues, los manteles, y dadas gracias a Dios y agua a las manos, donQuijote pidió ahincadamente a don Lorenzo dijese los versos de la justaliteraria; a lo que él respondió que, por no parecer de aquellos poetas quecuando les ruegan digan sus versos los niegan y cuando no se los piden losvomitan,...
-...yo diré mi glosa, de la cual no espero premio alguno, que sólo porejercitar el ingenio la he hecho.
-Un amigo y discreto -respondió don Quijote- era de parecer que no se habíade cansar nadie en glosar versos; y la razón, decía él, era que jamás laglosa podía llegar al texto, y que muchas o las más veces iba la glosafuera de la intención y propósito de lo que pedía lo que se glosaba; y más,que las leyes de la glosa eran demasiadamente estrechas: que no sufríaninterrogantes, ni dijo, ni diré, ni hacer nombres de verbos, ni mudar elsentido, con otras ataduras y estrechezas con que van atados los queglosan, como vuestra merced debe de saber.
-Verdaderamente, señor don Quijote -dijo don Lorenzo-, que deseo coger avuestra merced en un mal latín continuado, y no puedo, porque se me deslizade entre las manos como anguila.
-No entiendo -respondió don Quijote- lo que vuestra merced dice ni quieredecir en eso del deslizarme.
-Yo me daré a entender -respondió don Lorenzo-; y por ahora esté vuesamerced atento a los versos glosados y a la glosa, que dicen desta manera:
¡Si mi fue tornase a es,
sin esperar más será,
o viniese el tiempo ya
de lo que será después...!
Glosa
Al fin, como todo pasa,
se pasó el bien que me dio
Fortuna, un tiempo no escasa,
y nunca me le volvió,
ni abundante, ni por tasa.
Siglos ha ya que me vees,
Fortuna, puesto a tus pies;
vuélveme a ser venturoso,
que será mi ser dichoso
si mi fue tornase a es.
No quiero otro gusto o gloria,
otra palma o vencimiento,
otro triunfo, otra vitoria,
sino volver al contento
que es pesar en mi memoria.
Si tú me vuelves allá,
Fortuna, templado está
todo el rigor de mi fuego,
y más si este bien es luego,
sin esperar más será.
Cosas imposibles pido,
pues volver el tiempo a ser
después que una vez ha sido,
no hay en la tierra poder
que a tanto se haya estendido.
Corre el tiempo, vuela y va
ligero, y no volverá,
y erraría el que pidiese,
o que el tiempo ya se fuese,
o volviese el tiempo ya.
Vivo en perpleja vida,
ya esperando, ya temiendo:
es muerte muy conocida,
y es mucho mejor muriendo
buscar al dolor salida.
A mí me fuera interés
acabar, mas no lo es,
pues, con discurso mejor,
me da la vida el temor
de lo que será después.
En acabando de decir su glosa don Lorenzo, se levantó en pie don Quijote,y, en voz levantada, que parecía grito, asiendo con su mano la derecha dedon Lorenzo, dijo:
-¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois elmejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni porGaeta, como dijo un poeta, que Dios perdone, sino por las academias deAtenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia ySalamanca! Plega al cielo que los jueces que os quitaren el premio primero,Febo los asaetee y las Musas jamás atraviesen los umbrales de sus casas.Decidme, señor, si sois servido, algunos versos mayores, que quiero tomarde todo en todo el pulso a vuestro admirable ingenio.
¿No es bueno que dicen que se holgó don Lorenzo de verse alabar de donQuijote, aunque le tenía por loco? ¡Oh fuerza de la adulación, a cuánto teestiendes, y cuán dilatados límites son los de tu juridición agradable!Esta verdad acreditó don Lorenzo, pues concedió con la demanda y deseo dedon Quijote, diciéndole este soneto a la fábula o historia de Píramo yTisbe:
Soneto
El muro rompe la doncella hermosa
que de Píramo abrió el gallardo pecho:
parte el Amor de Chipre, y va derecho
a ver la quiebra estrecha y prodigiosa.
Habla el silencio allí, porque no osa
la voz entrar por tan estrecho estrecho;
las almas sí, que amor suele de hecho
facilitar la más difícil cosa.
Salió el deseo de compás, y el paso
de la imprudente virgen solicita
por su gusto su muerte; ved qué historia:
que a entrambos en un punto, ¡oh estraño caso!,
los mata, los encubre y resucita
una espada, un sepulcro, una memoria.
-¡Bendito sea Dios! -dijo don Quijote habiendo oído el soneto a donLorenzo-, que entre los infinitos poetas consumidos que hay, he visto unconsumado poeta, como lo es vuesa merced, señor mío; que así me lo da aentender el artificio deste soneto.
Cuatro días estuvo don Quijote regaladísimo en la casa de don Diego, alcabo de los cuales le pidió licencia para irse, diciéndole que le agradecíala merced y buen tratamiento que en su casa había recebido; pero que, porno parecer bien que los caballeros andantes se den muchas horas a ocio y alregalo, se quería ir a cumplir con su oficio, buscando las aventuras, dequien tenía noticia que aquella tierra abundaba, donde esperaba entretenerel tiempo hasta que llegase el día de las justas de Zaragoza, que era el desu derecha derrota; y que primero había de entrar en la cueva deMontesinos, de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos secontaban, sabiendo e inquiriendo asimismo el nacimiento y verdaderosmanantiales de las siete lagunas llamadas comúnmente de Ruidera.
Don Diego y su hijo le alabaron su honrosa determinación, y le dijeron quetomase de su casa y de su hacienda todo lo que en grado le viniese, que leservirían con la voluntad posible; que a ello les obligaba el valor de supersona y la honrosa profesión suya.
Llegóse, en fin, el día de su partida, tan alegre para don Quijote comotriste y aciago para Sancho Panza, que se hallaba muy bien con laabundancia de la casa de don Diego, y rehusaba de volver a la hambre que seusa en las florestas, despoblados, y a la estrecheza de sus mal proveídasalforjas. Con todo esto, las llenó y colmó de lo más necesario que lepareció; y al despedirse dijo don Quijote a don Lorenzo:
-No sé si he dicho a vuesa merced otra vez, y si lo he dicho lo vuelvo adecir, que cuando vuesa merced quisiere ahorrar caminos y trabajos parallegar a la inacesible cumbre del templo de la Fama, no tiene que hacerotra cosa sino dejar a una parte la senda de la poesía, algo estrecha, ytomar la estrechísima de la andante caballería, bastante para hacerleemperador en daca las pajas.
Con estas razones acabó don Quijote de cerrar el proceso de su locura, ymás con las que añadió, diciendo:
-Sabe Dios si quisiera llevar conmigo al señor don Lorenzo, para enseñarlecómo se han de perdonar los sujetos, y supeditar y acocear los soberbios,virtudes anejas a la profesión que yo profeso; pero, pues no lo pide supoca edad, ni lo querrán consentir sus loables ejercicios, sólo me contentocon advertirle a vuesa merced que, siendo poeta, podrá ser famoso si seguía más por el parecer ajeno que por el propio, porque no hay padre nimadre a quien sus hijos le parezcan feos, y en los que lo son delentendimiento corre más este engaño.
De nuevo se admiraron padre y hijo de las entremetidas razones de donQuijote, ya discretas y ya disparatadas, y del tema y tesón que llevaba deacudir de todo en todo a la busca de sus desventuradas aventuras, que lastenía por fin y blanco de sus deseos. Reiteráronse los ofrecimientos ycomedimientos, y, con la buena licencia de la señora del castillo, donQuijote y Sancho, sobre Rocinante y el rucio, se partieron.
-¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prendade mi mayor amargura!
Oyóle decir esto el estudiante poeta, hijo de don Diego, que con su madrehabía salido a recebirle, y madre y hijo quedaron suspensos de ver laestraña figura de don Quijote; el cual, apeándose de Rocinante, fue conmucha cortesía a pedirle las manos para besárselas, y don Diego dijo:
-Recebid, señora, con vuestro sólito agrado al señor don Quijote de laMancha, que es el que tenéis delante, andante caballero y el más valiente yel más discreto que tiene el mundo.
La señora, que doña Cristina se llamaba, le recibió con muestras de muchoamor y de mucha cortesía, y don Quijote se le ofreció con asaz de discretasy comedidas razones. Casi los mismos comedimientos pasó con el estudiante,que, en oyéndole hablar don Quijote, le tuvo por discreto y agudo.
Aquí pinta el autor todas las circunstancias de la casa de don Diego,pintándonos en ellas lo que contiene una casa de un caballero labrador yrico; pero al traductor desta historia le pareció pasar estas y otrassemejantes menudencias en silencio, porque no venían bien con el propósitoprincipal de la historia, la cual más tiene su fuerza en la verdad que enlas frías digresiones.
Entraron a don Quijote en una sala, desarmóle Sancho, quedó en valones y enjubón de camuza, todo bisunto con la mugre de las armas: el cuello eravalona a lo estudiantil, sin almidón y sin randas; los borceguíes erandatilados, y encerados los zapatos. Ciñóse su buena espada, que pendía deun tahalí de lobos marinos; que es opinión que muchos años fue enfermo delos riñones; cubrióse un herreruelo de buen paño pardo; pero antes de todo,con cinco calderos, o seis, de agua, que en la cantidad de los calderos hayalguna diferencia, se lavó la cabeza y rostro, y todavía se quedó el aguade color de suero, merced a la golosina de Sancho y a la compra de susnegros requesones, que tan blanco pusieron a su amo. Con los referidosatavíos, y con gentil donaire y gallardía, salió don Quijote a otra sala,donde el estudiante le estaba esperando para entretenerle en tanto que lasmesas se ponían; que, por la venida de tan noble huésped, quería la señoradoña Cristina mostrar que sabía y podía regalar a los que a su casallegasen.
En tanto que don Quijote se estuvo desarmando, tuvo lugar don Lorenzo, queasí se llamaba el hijo de don Diego, de decir a su padre:
-¿Quién diremos, señor, que es este caballero que vuesa merced nos hatraído a casa? Que el nombre, la figura, y el decir que es caballeroandante, a mí y a mi madre nos tiene suspensos.
-No sé lo que te diga, hijo -respondió don Diego-; sólo te sabré decir quele he visto hacer cosas del mayor loco del mundo, y decir razones tandiscretas que borran y deshacen sus hechos: háblale tú, y toma el pulso alo que sabe, y, pues eres discreto, juzga de su discreción o tontería loque más puesto en razón estuviere; aunque, para decir verdad, antes letengo por loco que por cuerdo.
Con esto, se fue don Lorenzo a entretener a don Quijote, como queda dicho,y, entre otras pláticas que los dos pasaron, dijo don Quijote a donLorenzo:
-El señor don Diego de Miranda, padre de vuesa merced, me ha dado noticiade la rara habilidad y sutil ingenio que vuestra merced tiene, y, sobretodo, que es vuesa merced un gran poeta.
-Poeta, bien podrá ser -respondió don Lorenzo-, pero grande, ni porpensamiento. Verdad es que yo soy algún tanto aficionado a la poesía y aleer los buenos poetas, pero no de manera que se me pueda dar el nombre degrande que mi padre dice.
-No me parece mal esa humildad -respondió don Quijote-, porque no hay poetaque no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo.
-No hay regla sin excepción -respondió don Lorenzo-, y alguno habrá que losea y no lo piense.
-Pocos -respondió don Quijote-; pero dígame vuesa merced: ¿qué versos sonlos que agora trae entre manos, que me ha dicho el señor su padre que letraen algo inquieto y pensativo? Y si es alguna glosa, a mí se me entiendealgo de achaque de glosas, y holgaría saberlos; y si es que son de justaliteraria, procure vuestra merced llevar el segundo premio, que el primerosiempre se lleva el favor o la gran calidad de la persona, el segundo se lelleva la mera justicia, y el tercero viene a ser segundo, y el primero, aesta cuenta, será el tercero, al modo de las licencias que se dan en lasuniversidades; pero, con todo esto, gran personaje es el nombre de primero.
-Hasta ahora -dijo entre sí don Lorenzo-, no os podré yo juzgar por loco;vamos adelante.
Y díjole:
-Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿qué ciencias ha oído?
-La de la caballería andante -respondió don Quijote-, que es tan buena comola de la poesía, y aun dos deditos más.
-No sé qué ciencia sea ésa -replicó don Lorenzo-, y hasta ahora no hallegado a mi noticia.
-Es una ciencia -replicó don Quijote- que encierra en sí todas o las másciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito, ysaber las leyes de la justicia distributiva y comutativa, para dar a cadauno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber darrazón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequieraque le fuere pedido; ha de ser médico y principalmente herbolario, paraconocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienenvirtud de sanar las heridas, que no ha de andar el caballero andante a cadatriquete buscando quien se las cure; ha de ser astrólogo, para conocer porlas estrellas cuántas horas son pasadas de la noche, y en qué parte y enqué clima del mundo se halla; ha de saber las matemáticas, porque a cadapaso se le ofrecerá tener necesidad dellas; y, dejando aparte que ha deestar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales, decendiendo aotras menudencias, digo que ha de saber nadar como dicen que nadaba el pejeNicolás o Nicolao; ha de saber herrar un caballo y aderezar la silla y elfreno; y, volviendo a lo de arriba, ha de guardar la fe a Dios y a su dama;ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal enlas obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo conlos menesterosos, y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cuestela vida el defenderla. De todas estas grandes y mínimas partes se componeun buen caballero andante; porque vea vuesa merced, señor don Lorenzo, sies ciencia mocosa lo que aprende el caballero que la estudia y la profesa,y si se puede igualar a las más estiradas que en los ginasios y escuelas seenseñan.
-Si eso es así -replicó don Lorenzo-, yo digo que se aventaja esa ciencia atodas.
-¿Cómo si es así? -respondió don Quijote.
Lo que yo quiero decir -dijo don Lorenzo- es que dudo que haya habido, nique los hay ahora, caballeros andantes y adornados de virtudes tantas.
-Muchas veces he dicho lo que vuelvo a decir ahora -respondió don Quijote-:que la mayor parte de la gente del mundo está de parecer de que no hahabido en él caballeros andantes; y, por parecerme a mí que si el cielomilagrosamente no les da a entender la verdad de que los hubo y de que loshay, cualquier trabajo que se tome ha de ser en vano, como muchas veces melo ha mostrado la experiencia, no quiero detenerme agora en sacar a vuesamerced del error que con los muchos tiene; lo que pienso hacer es el rogaral cielo le saque dél, y le dé a entender cuán provechosos y cuánnecesarios fueron al mundo los caballeros andantes en los pasados siglos, ycuán útiles fueran en el presente si se usaran; pero triunfan ahora, porpecados de las gentes, la pereza, la ociosidad, la gula y el regalo.
-Escapado se nos ha nuestro huésped -dijo a esta sazón entre sí donLorenzo-, pero, con todo eso, él es loco bizarro, y yo sería mentecatoflojo si así no lo creyese.
Aquí dieron fin a su plática, porque los llamaron a comer. Preguntó donDiego a su hijo qué había sacado en limpio del ingenio del huésped. A loque él respondió:
-No le sacarán del borrador de su locura cuantos médicos y buenosescribanos tiene el mundo: él es un entreverado loco, lleno de lúcidosintervalos.
Fuéronse a comer, y la comida fue tal como don Diego había dicho en elcamino que la solía dar a sus convidados: limpia, abundante y sabrosa; perode lo que más se contentó don Quijote fue del maravilloso silencio que entoda la casa había, que semejaba un monasterio de cartujos. Levantados,pues, los manteles, y dadas gracias a Dios y agua a las manos, donQuijote pidió ahincadamente a don Lorenzo dijese los versos de la justaliteraria; a lo que él respondió que, por no parecer de aquellos poetas quecuando les ruegan digan sus versos los niegan y cuando no se los piden losvomitan,...
-...yo diré mi glosa, de la cual no espero premio alguno, que sólo porejercitar el ingenio la he hecho.
-Un amigo y discreto -respondió don Quijote- era de parecer que no se habíade cansar nadie en glosar versos; y la razón, decía él, era que jamás laglosa podía llegar al texto, y que muchas o las más veces iba la glosafuera de la intención y propósito de lo que pedía lo que se glosaba; y más,que las leyes de la glosa eran demasiadamente estrechas: que no sufríaninterrogantes, ni dijo, ni diré, ni hacer nombres de verbos, ni mudar elsentido, con otras ataduras y estrechezas con que van atados los queglosan, como vuestra merced debe de saber.
-Verdaderamente, señor don Quijote -dijo don Lorenzo-, que deseo coger avuestra merced en un mal latín continuado, y no puedo, porque se me deslizade entre las manos como anguila.
-No entiendo -respondió don Quijote- lo que vuestra merced dice ni quieredecir en eso del deslizarme.
-Yo me daré a entender -respondió don Lorenzo-; y por ahora esté vuesamerced atento a los versos glosados y a la glosa, que dicen desta manera:
¡Si mi fue tornase a es,
sin esperar más será,
o viniese el tiempo ya
de lo que será después...!
Glosa
Al fin, como todo pasa,
se pasó el bien que me dio
Fortuna, un tiempo no escasa,
y nunca me le volvió,
ni abundante, ni por tasa.
Siglos ha ya que me vees,
Fortuna, puesto a tus pies;
vuélveme a ser venturoso,
que será mi ser dichoso
si mi fue tornase a es.
No quiero otro gusto o gloria,
otra palma o vencimiento,
otro triunfo, otra vitoria,
sino volver al contento
que es pesar en mi memoria.
Si tú me vuelves allá,
Fortuna, templado está
todo el rigor de mi fuego,
y más si este bien es luego,
sin esperar más será.
Cosas imposibles pido,
pues volver el tiempo a ser
después que una vez ha sido,
no hay en la tierra poder
que a tanto se haya estendido.
Corre el tiempo, vuela y va
ligero, y no volverá,
y erraría el que pidiese,
o que el tiempo ya se fuese,
o volviese el tiempo ya.
Vivo en perpleja vida,
ya esperando, ya temiendo:
es muerte muy conocida,
y es mucho mejor muriendo
buscar al dolor salida.
A mí me fuera interés
acabar, mas no lo es,
pues, con discurso mejor,
me da la vida el temor
de lo que será después.
En acabando de decir su glosa don Lorenzo, se levantó en pie don Quijote,y, en voz levantada, que parecía grito, asiendo con su mano la derecha dedon Lorenzo, dijo:
-¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois elmejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni porGaeta, como dijo un poeta, que Dios perdone, sino por las academias deAtenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia ySalamanca! Plega al cielo que los jueces que os quitaren el premio primero,Febo los asaetee y las Musas jamás atraviesen los umbrales de sus casas.Decidme, señor, si sois servido, algunos versos mayores, que quiero tomarde todo en todo el pulso a vuestro admirable ingenio.
¿No es bueno que dicen que se holgó don Lorenzo de verse alabar de donQuijote, aunque le tenía por loco? ¡Oh fuerza de la adulación, a cuánto teestiendes, y cuán dilatados límites son los de tu juridición agradable!Esta verdad acreditó don Lorenzo, pues concedió con la demanda y deseo dedon Quijote, diciéndole este soneto a la fábula o historia de Píramo yTisbe:
Soneto
El muro rompe la doncella hermosa
que de Píramo abrió el gallardo pecho:
parte el Amor de Chipre, y va derecho
a ver la quiebra estrecha y prodigiosa.
Habla el silencio allí, porque no osa
la voz entrar por tan estrecho estrecho;
las almas sí, que amor suele de hecho
facilitar la más difícil cosa.
Salió el deseo de compás, y el paso
de la imprudente virgen solicita
por su gusto su muerte; ved qué historia:
que a entrambos en un punto, ¡oh estraño caso!,
los mata, los encubre y resucita
una espada, un sepulcro, una memoria.
-¡Bendito sea Dios! -dijo don Quijote habiendo oído el soneto a donLorenzo-, que entre los infinitos poetas consumidos que hay, he visto unconsumado poeta, como lo es vuesa merced, señor mío; que así me lo da aentender el artificio deste soneto.
Cuatro días estuvo don Quijote regaladísimo en la casa de don Diego, alcabo de los cuales le pidió licencia para irse, diciéndole que le agradecíala merced y buen tratamiento que en su casa había recebido; pero que, porno parecer bien que los caballeros andantes se den muchas horas a ocio y alregalo, se quería ir a cumplir con su oficio, buscando las aventuras, dequien tenía noticia que aquella tierra abundaba, donde esperaba entretenerel tiempo hasta que llegase el día de las justas de Zaragoza, que era el desu derecha derrota; y que primero había de entrar en la cueva deMontesinos, de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos secontaban, sabiendo e inquiriendo asimismo el nacimiento y verdaderosmanantiales de las siete lagunas llamadas comúnmente de Ruidera.
Don Diego y su hijo le alabaron su honrosa determinación, y le dijeron quetomase de su casa y de su hacienda todo lo que en grado le viniese, que leservirían con la voluntad posible; que a ello les obligaba el valor de supersona y la honrosa profesión suya.
Llegóse, en fin, el día de su partida, tan alegre para don Quijote comotriste y aciago para Sancho Panza, que se hallaba muy bien con laabundancia de la casa de don Diego, y rehusaba de volver a la hambre que seusa en las florestas, despoblados, y a la estrecheza de sus mal proveídasalforjas. Con todo esto, las llenó y colmó de lo más necesario que lepareció; y al despedirse dijo don Quijote a don Lorenzo:
-No sé si he dicho a vuesa merced otra vez, y si lo he dicho lo vuelvo adecir, que cuando vuesa merced quisiere ahorrar caminos y trabajos parallegar a la inacesible cumbre del templo de la Fama, no tiene que hacerotra cosa sino dejar a una parte la senda de la poesía, algo estrecha, ytomar la estrechísima de la andante caballería, bastante para hacerleemperador en daca las pajas.
Con estas razones acabó don Quijote de cerrar el proceso de su locura, ymás con las que añadió, diciendo:
-Sabe Dios si quisiera llevar conmigo al señor don Lorenzo, para enseñarlecómo se han de perdonar los sujetos, y supeditar y acocear los soberbios,virtudes anejas a la profesión que yo profeso; pero, pues no lo pide supoca edad, ni lo querrán consentir sus loables ejercicios, sólo me contentocon advertirle a vuesa merced que, siendo poeta, podrá ser famoso si seguía más por el parecer ajeno que por el propio, porque no hay padre nimadre a quien sus hijos le parezcan feos, y en los que lo son delentendimiento corre más este engaño.
De nuevo se admiraron padre y hijo de las entremetidas razones de donQuijote, ya discretas y ya disparatadas, y del tema y tesón que llevaba deacudir de todo en todo a la busca de sus desventuradas aventuras, que lastenía por fin y blanco de sus deseos. Reiteráronse los ofrecimientos ycomedimientos, y, con la buena licencia de la señora del castillo, donQuijote y Sancho, sobre Rocinante y el rucio, se partieron.
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