Capítulo XXV: Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino
Don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
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Capítulo XXV
No se le cocía el pan a don Quijote, como suele decirse, hasta oír y saberlas maravillas prometidas del hombre condutor de las armas. Fuele a buscardonde el ventero le había dicho que estaba, y hallóle, y díjole que en todocaso le dijese luego lo que le había de decir después, acerca de lo que lehabía preguntado en el camino. El hombre le respondió:
-Más despacio, y no en pie, se ha de tomar el cuento de mis maravillas:déjeme vuestra merced, señor bueno, acabar de dar recado a mi bestia, queyo le diré cosas que le admiren.
-No quede por eso -respondió don Quijote-, que yo os ayudaré a todo.
Y así lo hizo, ahechándole la cebada y limpiando el pesebre, humildad queobligó al hombre a contarle con buena voluntad lo que le pedía; y,sentándose en un poyo y don Quijote junto a él, teniendo por senado yauditorio al primo, al paje, a Sancho Panza y al ventero, comenzó a decirdesta manera:
-«Sabrán vuesas mercedes que en un lugar que está cuatro leguas y mediadesta venta sucedió que a un regidor dél, por industria y engaño de unamuchacha criada suya, y esto es largo de contar, le faltó un asno, y,aunque el tal regidor hizo las diligencias posibles por hallarle, no fueposible. Quince días serían pasados, según es pública voz y fama,- que elasno faltaba, cuando, estando en la plaza el regidor perdidoso, otroregidor del mismo pueblo le dijo: ''Dadme albricias, compadre, que vuestrojumento ha parecido''. ''Yo os las mando y buenas, compadre -respondió elotro-, pero sepamos dónde ha parecido''. ''En el monte -respondió elhallador-, le vi esta mañana, sin albarda y sin aparejo alguno, y tan flacoque era una compasión miralle. Quísele antecoger delante de mí y traérosle,pero está ya tan montaraz y tan huraño, que, cuando llegé a él, se fuehuyendo y se entró en lo más escondido del monte. Si queréis que volvamoslos dos a buscarle, dejadme poner esta borrica en mi casa, que luegovuelvo''. ''Mucho placer me haréis -dijo el del jumento-, e yo procurarépagároslo en la mesma moneda''. Con estas circunstancias todas, y de lamesma manera que yo lo voy contando, lo cuentan todos aquellos que estánenterados en la verdad deste caso. En resolución, los dos regidores, a piey mano a mano, se fueron al monte, y, llegando al lugar y sitio dondepensaron hallar el asno, no le hallaron, ni pareció por todos aquelloscontornos, aunque más le buscaron. Viendo, pues, que no parecía, dijo elregidor que le había visto al otro: ''Mirad, compadre: una traza me havenido al pensamiento, con la cual sin duda alguna podremos descubrir esteanimal, aunque esté metido en las entrañas de la tierra, no que del monte;y es que yo sé rebuznar maravillosamente; y si vos sabéis algún tanto, dadel hecho por concluido''. ''¿Algún tanto decís, compadre? -dijo el otro-;por Dios, que no dé la ventaja a nadie, ni aun a los mesmos asnos''.''Ahora lo veremos -respondió el regidor segundo-, porque tengo determinadoque os vais vos por una parte del monte y yo por otra, de modo que lerodeemos y andemos todo, y de trecho en trecho rebuznaréis vos y rebuznaréyo, y no podrá ser menos sino que el asno nos oya y nos responda, si es queestá en el monte''. A lo que respondió el dueño del jumento: ''Digo,compadre, que la traza es excelente y digna de vuestro gran ingenio''. Y,dividiéndose los dos según el acuerdo, sucedió que casi a un mesmo tiemporebuznaron, y cada uno engañado del rebuzno del otro, acudieron a buscarse,pensando que ya el jumento había parecido; y, en viéndose, dijo elperdidoso: ''¿Es posible, compadre, que no fue mi asno el que rebuznó?''''No fue, sino yo'', respondió el otro. ''Ahora digo -dijo el dueño-, quede vos a un asno, compadre, no hay alguna diferencia, en cuanto toca alrebuznar, porque en mi vida he visto ni oído cosa más propia''. ''Esasalabanzas y encarecimiento -respondió el de la traza-, mejor os atañen ytocan a vos que a mí, compadre; que por el Dios que me crió que podéis dardos rebuznos de ventaja al mayor y más perito rebuznador del mundo; porqueel sonido que tenéis es alto; lo sostenido de la voz, a su tiempo y compás;los dejos, muchos y apresurados, y, en resolución, yo me doy por vencido yos rindo la palma y doy la bandera desta rara habilidad''. ''Ahora digo-respondió el dueño-, que me tendré y estimaré en más de aquí adelante, ypensaré que sé alguna cosa, pues tengo alguna gracia; que, puesto quepensara que rebuznaba bien, nunca entendí que llegaba el estremo quedecís''. ''También diré yo ahora -respondió el segundo- que hay rarashabilidades perdidas en el mundo, y que son mal empleadas en aquellos queno saben aprovecharse dellas''. ''Las nuestras -respondió el dueño-, si noes en casos semejantes como el que traemos entre manos, no nos puedenservir en otros, y aun en éste plega a Dios que nos sean de provecho''.Esto dicho, se tornaron a dividir y a volver a sus rebuznos, y a cada pasose engañaban y volvían a juntarse, hasta que se dieron por contraseño que,para entender que eran ellos, y no el asno, rebuznasen dos veces, una trasotra. Con esto, doblando a cada paso los rebuznos, rodearon todo el montesin que el perdido jumento respondiese, ni aun por señas. Mas, ¿cómo habíade responder el pobre y mal logrado, si le hallaron en lo más escondido delbosque, comido de lobos? Y, en viéndole, dijo su dueño: ''Ya me maravillabayo de que él no respondía, pues a no estar muerto, él rebuznara si nosoyera, o no fuera asno; pero, a trueco de haberos oído rebuznar con tantagracia, compadre, doy por bien empleado el trabajo que he tenido enbuscarle, aunque le he hallado muerto''. ''En buena mano está, compadre-respondió el otro-, pues si bien canta el abad, no le va en zaga elmonacillo''. Con esto, desconsolados y roncos, se volvieron a su aldea,adonde contaron a sus amigos, vecinos y conocidos cuanto les habíaacontecido en la busca del asno, exagerando el uno la gracia del otro en elrebuznar; todo lo cual se supo y se estendió por los lugares circunvecinos.Y el diablo, que no duerme, como es amigo de sembrar y derramar rencillas ydiscordia por doquiera, levantando caramillos en el viento y grandesquimeras de nonada, ordenó e hizo que las gentes de los otros pueblos, enviendo a alguno de nuestra aldea, rebuznase, como dándoles en rostro con elrebuzno de nuestros regidores. Dieron en ello los muchachos, que fue dar enmanos y en bocas de todos los demonios del infierno, y fue cundiendo elrebuzno de en uno en otro pueblo, de manera que son conocidos los naturalesdel pueblo del rebuzno, como son conocidos y diferenciados los negros delos blancos; y ha llegado a tanto la desgracia desta burla, que muchasveces con mano armada y formado escuadrón han salido contra los burladoreslos burlados a darse la batalla, sin poderlo remediar rey ni roque, nitemor ni vergüenza. Yo creo que mañana o esotro día han de salir en campañalos de mi pueblo, que son los del rebuzno, contra otro lugar que está a dosleguas del nuestro, que es uno de los que más nos persiguen: y, por salirbien apercebidos, llevo compradas estas lanzas y alabardas que habéisvisto.» Y éstas son las maravillas que dije que os había de contar, y si noos lo han parecido, no sé otras.
Y con esto dio fin a su plática el buen hombre; y, en esto, entró por lapuerta de la venta un hombre todo vestido de camuza, medias, greguescos yjubón, y con voz levantada dijo:
-Señor huésped, ¿hay posada? Que viene aquí el mono adivino y el retablo dela libertad de Melisendra.
-¡Cuerpo de tal -dijo el ventero-, que aquí está el señor mase Pedro! Buenanoche se nos apareja.
Olvidábaseme de decir como el tal mase Pedro traía cubierto el ojoizquierdo, y casi medio carrillo, con un parche de tafetán verde, señal quetodo aquel lado debía de estar enfermo; y el ventero prosiguió, diciendo:
-Sea bien venido vuestra merced, señor mase Pedro. ¿Adónde está el mono yel retablo, que no los veo?
-Ya llegan cerca -respondió el todo camuza-, sino que yo me he adelantado,a saber si hay posada.
-Al mismo duque de Alba se la quitara para dársela al señor mase Pedro-respondió el ventero-; llegue el mono y el retablo, que gente hay estanoche en la venta que pagará el verle y las habilidades del mono.
-Sea en buen hora -respondió el del parche-, que yo moderaré el precio, ycon sola la costa me daré por bien pagado; y yo vuelvo a hacer que caminela carreta donde viene el mono y el retablo.
Y luego se volvió a salir de la venta.
Preguntó luego don Quijote al ventero qué mase Pedro era aquél, y quéretablo y qué mono traía. A lo que respondió el ventero:
-Éste es un famoso titerero, que ha muchos días que anda por esta Mancha deAragón enseñando un retablo de Melisendra, libertada por el famoso donGaiferos, que es una de las mejores y más bien representadas historias quede muchos años a esta parte en este reino se han visto. Trae asimismoconsigo un mono de la más rara habilidad que se vio entre monos, ni seimaginó entre hombres, porque si le preguntan algo, está atento a lo que lepreguntan y luego salta sobre los hombros de su amo, y, llegándosele aloído, le dice la respuesta de lo que le preguntan, y maese Pedro la declaraluego; y de las cosas pasadas dice mucho más que de las que están porvenir; y, aunque no todas veces acierta en todas, en las más no yerra, demodo que nos hace creer que tiene el diablo en el cuerpo. Dos reales llevapor cada pregunta, si es que el mono responde; quiero decir, si responde elamo por él, después de haberle hablado al oído; y así, se cree que el talmaese Pedro esta riquísimo; y es hombre galante, como dicen en Italia y boncompaño, y dase la mejor vida del mundo; habla más que seis y bebe más quedoce, todo a costa de su lengua y de su mono y de su retablo.
En esto, volvió maese Pedro, y en una carreta venía el retablo, y el mono,grande y sin cola, con las posaderas de fieltro, pero no de mala cara; y,apenas le vio don Quijote, cuando le preguntó:
-Dígame vuestra merced, señor adivino: ¿qué peje pillamo? ¿Qué ha de ser denosotros?. Y vea aquí mis dos reales.
Y mandó a Sancho que se los diese a maese Pedro, el cual respondió por elmono, y dijo:
-Señor, este animal no responde ni da noticia de las cosas que están porvenir; de las pasadas sabe algo, y de las presentes, algún tanto.
-¡Voto a Rus -dijo Sancho-, no dé yo un ardite porque me digan lo que pormí ha pasado!; porque, ¿quién lo puede saber mejor que yo mesmo? Y pagar yoporque me digan lo que sé, sería una gran necedad; pero, pues sabe lascosas presentes, he aquí mis dos reales, y dígame el señor monísimo quéhace ahora mi mujer Teresa Panza, y en qué se entretiene.
No quiso tomar maese Pedro el dinero, diciendo:
-No quiero recebir adelantados los premios, sin que hayan precedido losservicios.
Y, dando con la mano derecha dos golpes sobre el hombro izquierdo, en unbrinco se le puso el mono en él, y, llegando la boca al oído, daba dientecon diente muy apriesa; y, habiendo hecho este ademán por espacio de uncredo, de otro brinco se puso en el suelo, y al punto, con grandísimapriesa, se fue maese Pedro a poner de rodillas ante don Quijote, y,abrazándole las piernas, dijo:
-Estas piernas abrazo, bien así como si abrazara las dos colunas deHércules, ¡oh resucitador insigne de la ya puesta en olvido andantecaballería!; ¡oh no jamás como se debe alabado caballero don Quijote de laMancha, ánimo de los desmayados, arrimo de los que van a caer, brazo de loscaídos, báculo y consuelo de todos los desdichados!
Quedó pasmado don Quijote, absorto Sancho, suspenso el primo, atónito elpaje, abobado el del rebuzno, confuso el ventero, y, finalmente, espantadostodos los que oyeron las razones del titerero, el cual prosiguió diciendo:
-Y tú, ¡oh buen Sancho Panza!, el mejor escudero y del mejor caballero delmundo, alégrate, que tu buena mujer Teresa está buena, y ésta es la hora enque ella está rastrillando una libra de lino, y, por más señas, tiene a sulado izquierdo un jarro desbocado que cabe un buen porqué de vino, con quese entretiene en su trabajo.
-Eso creo yo muy bien -respondió Sancho-, porque es ella unabienaventurada, y, a no ser celosa, no la trocara yo por la gigantaAndandona, que, según mi señor, fue una mujer muy cabal y muy de pro; y esmi Teresa de aquellas que no se dejan mal pasar, aunque sea a costa de susherederos.
-Ahora digo -dijo a esta sazón don Quijote-, que el que lee mucho y andamucho, vee mucho y sabe mucho. Digo esto porque, ¿qué persuasión fuerabastante para persuadirme que hay monos en el mundo que adivinen, como lohe visto ahora por mis propios ojos? Porque yo soy el mesmo don Quijote dela Mancha que este buen animal ha dicho, puesto que se ha estendido algúntanto en mis alabanzas; pero comoquiera que yo me sea, doy gracias alcielo, que me dotó de un ánimo blando y compasivo, inclinado siempre ahacer bien a todos, y mal a ninguno.
-Si yo tuviera dineros -dijo el paje-, preguntara al señor mono qué me hade suceder en la peregrinación que llevo.
A lo que respondió maese Pedro, que ya se había levantado de los pies dedon Quijote:
-Ya he dicho que esta bestezuela no responde a lo por venir; que sirespondiera, no importara no haber dineros; que, por servicio del señor donQuijote, que está presente, dejara yo todos los intereses del mundo. Yagora, porque se lo debo, y por darle gusto, quiero armar mi retablo y darplacer a cuantos están en la venta, sin paga alguna.
Oyendo lo cual el ventero, alegre sobremanera, señaló el lugar donde sepodía poner el retablo, que en un punto fue hecho.
Don Quijote no estaba muy contento con las adivinanzas del mono, porparecerle no ser a propósito que un mono adivinase, ni las de por venir, nilas pasadas cosas; y así, en tanto que maese Pedro acomodaba el retablo, seretiró don Quijote con Sancho a un rincón de la caballeriza, donde, sin seroídos de nadie, le dijo:
-Mira, Sancho, yo he considerado bien la estraña habilidad deste mono, yhallo por mi cuenta que sin duda este maese Pedro, su amo, debe de tenerhecho pacto, tácito o espreso, con el demonio.
-Si el patio es espeso y del demonio -dijo Sancho-, sin duda debe de sermuy sucio patio; pero, ¿de qué provecho le es al tal maese Pedro tener esospatios?
-No me entiendes, Sancho: no quiero decir sino que debe de tener hechoalgún concierto con el demonio de que infunda esa habilidad en el mono, conque gane de comer, y después que esté rico le dará su alma, que es lo queeste universal enemigo pretende. Y háceme creer esto el ver que el mono noresponde sino a las cosas pasadas o presentes, y la sabiduría del diablo nose puede estender a más, que las por venir no las sabe si no es porconjeturas, y no todas veces; que a solo Dios está reservado conocer lostiempos y los momentos, y para Él no hay pasado ni porvenir, que todo espresente. Y, siendo esto así, como lo es, está claro que este mono hablacon el estilo del diablo; y estoy maravillado cómo no le han acusado alSanto Oficio, y examinádole y sacádole de cuajo en virtud de quién adivina;porque cierto está que este mono no es astrólogo, ni su amo ni él alzan, nisaben alzar, estas figuras que llaman judiciarias, que tanto ahora se usanen España, que no hay mujercilla, ni paje, ni zapatero de viejo que nopresuma de alzar una figura, como si fuera una sota de naipes del suelo,echando a perder con sus mentiras e ignorancias la verdad maravillosa de laciencia. De una señora sé yo que preguntó a uno destos figureros que si unaperrilla de falda pequeña, que tenía, si se empreñaría y pariría, y cuántosy de qué color serían los perros que pariese. A lo que el señor judiciario,después de haber alzado la figura, respondió que la perrica se empreñaría,y pariría tres perricos, el uno verde, el otro encarnado y el otro demezcla, con tal condición que la tal perra se cubriese entre las once ydoce del día, o de la noche, y que fuese en lunes o en sábado; y lo quesucedió fue que de allí a dos días se moría la perra de ahíta, y el señorlevantador quedó acreditado en el lugar por acertadísimo judiciario, comolo quedan todos o los más levantadores.
-Con todo eso, querría -dijo Sancho- que vuestra merced dijese a maesePedro preguntase a su mono si es verdad lo que a vuestra merced le pasó enla cueva de Montesinos; que yo para mí tengo, con perdón de vuestra merced,que todo fue embeleco y mentira, o por lo menos, cosas soñadas.
-Todo podría ser -respondió don Quijote-, pero yo haré lo que me aconsejas,puesto que me ha de quedar un no sé qué de escrúpulo.
Estando en esto, llegó maese Pedro a buscar a don Quijote y decirle que yaestaba en orden el retablo; que su merced viniese a verle, porque lomerecía. Don Quijote le comunicó su pensamiento, y le rogó preguntase luegoa su mono le dijese si ciertas cosas que había pasado en la cueva deMontesinos habían sido soñadas o verdaderas; porque a él le parecía quetenían de todo. A lo que maese Pedro, sin responder palabra, volvió a traerel mono, y, puesto delante de don Quijote y de Sancho, dijo:
-Mirad, señor mono, que este caballero quiere saber si ciertas cosas que lepasaron en una cueva llamada de Montesinos, si fueron falsas o verdaderas.
Y, haciéndole la acostumbrada señal, el mono se le subió en el hombroizquierdo, y, hablándole, al parecer, en el oído, dijo luego maese Pedro:
-El mono dice que parte de las cosas que vuesa merced vio, o pasó, en ladicha cueva son falsas, y parte verisímiles; y que esto es lo que sabe, yno otra cosa, en cuanto a esta pregunta; y que si vuesa merced quisieresaber más, que el viernes venidero responderá a todo lo que se lepreguntare, que por ahora se le ha acabado la virtud, que no le vendráhasta el viernes, como dicho tiene.
-¿No lo decía yo -dijo Sancho-, que no se me podía asentar que todo lo quevuesa merced, señor mío, ha dicho de los acontecimientos de la cueva eraverdad, ni aun la mitad?
-Los sucesos lo dirán, Sancho -respondió don Quijote-; que el tiempo,descubridor de todas las cosas, no se deja ninguna que no las saque a laluz del sol, aunque esté escondida en los senos de la tierra. Y, por hora,baste esto, y vámonos a ver el retablo del buen maese Pedro, que para mítengo que debe de tener alguna novedad.
-¿Cómo alguna? -respondió maese Pedro-: sesenta mil encierra en sí este miretablo; dígole a vuesa merced, mi señor don Quijote, que es una de lascosas más de ver que hoy tiene el mundo, y operibus credite, et non verbis;y manos a labor, que se hace tarde y tenemos mucho que hacer y que decir yque mostrar.
Obedeciéronle don Quijote y Sancho, y vinieron donde ya estaba el retablopuesto y descubierto, lleno por todas partes de candelillas de ceraencendidas, que le hacían vistoso y resplandeciente. En llegando, se metiómaese Pedro dentro dél, que era el que había de manejar las figuras delartificio, y fuera se puso un muchacho, criado del maese Pedro, para servirde intérprete y declarador de los misterios del tal retablo: tenía unavarilla en la mano, con que señalaba las figuras que salían.
Puestos, pues, todos cuantos había en la venta, y algunos en pie, fronterodel retablo, y acomodados don Quijote, Sancho, el paje y el primo en losmejores lugares, el trujamán comenzó a decir lo que oirá y verá el que leoyere o viere el capítulo siguiente.
-Más despacio, y no en pie, se ha de tomar el cuento de mis maravillas:déjeme vuestra merced, señor bueno, acabar de dar recado a mi bestia, queyo le diré cosas que le admiren.
-No quede por eso -respondió don Quijote-, que yo os ayudaré a todo.
Y así lo hizo, ahechándole la cebada y limpiando el pesebre, humildad queobligó al hombre a contarle con buena voluntad lo que le pedía; y,sentándose en un poyo y don Quijote junto a él, teniendo por senado yauditorio al primo, al paje, a Sancho Panza y al ventero, comenzó a decirdesta manera:
-«Sabrán vuesas mercedes que en un lugar que está cuatro leguas y mediadesta venta sucedió que a un regidor dél, por industria y engaño de unamuchacha criada suya, y esto es largo de contar, le faltó un asno, y,aunque el tal regidor hizo las diligencias posibles por hallarle, no fueposible. Quince días serían pasados, según es pública voz y fama,- que elasno faltaba, cuando, estando en la plaza el regidor perdidoso, otroregidor del mismo pueblo le dijo: ''Dadme albricias, compadre, que vuestrojumento ha parecido''. ''Yo os las mando y buenas, compadre -respondió elotro-, pero sepamos dónde ha parecido''. ''En el monte -respondió elhallador-, le vi esta mañana, sin albarda y sin aparejo alguno, y tan flacoque era una compasión miralle. Quísele antecoger delante de mí y traérosle,pero está ya tan montaraz y tan huraño, que, cuando llegé a él, se fuehuyendo y se entró en lo más escondido del monte. Si queréis que volvamoslos dos a buscarle, dejadme poner esta borrica en mi casa, que luegovuelvo''. ''Mucho placer me haréis -dijo el del jumento-, e yo procurarépagároslo en la mesma moneda''. Con estas circunstancias todas, y de lamesma manera que yo lo voy contando, lo cuentan todos aquellos que estánenterados en la verdad deste caso. En resolución, los dos regidores, a piey mano a mano, se fueron al monte, y, llegando al lugar y sitio dondepensaron hallar el asno, no le hallaron, ni pareció por todos aquelloscontornos, aunque más le buscaron. Viendo, pues, que no parecía, dijo elregidor que le había visto al otro: ''Mirad, compadre: una traza me havenido al pensamiento, con la cual sin duda alguna podremos descubrir esteanimal, aunque esté metido en las entrañas de la tierra, no que del monte;y es que yo sé rebuznar maravillosamente; y si vos sabéis algún tanto, dadel hecho por concluido''. ''¿Algún tanto decís, compadre? -dijo el otro-;por Dios, que no dé la ventaja a nadie, ni aun a los mesmos asnos''.''Ahora lo veremos -respondió el regidor segundo-, porque tengo determinadoque os vais vos por una parte del monte y yo por otra, de modo que lerodeemos y andemos todo, y de trecho en trecho rebuznaréis vos y rebuznaréyo, y no podrá ser menos sino que el asno nos oya y nos responda, si es queestá en el monte''. A lo que respondió el dueño del jumento: ''Digo,compadre, que la traza es excelente y digna de vuestro gran ingenio''. Y,dividiéndose los dos según el acuerdo, sucedió que casi a un mesmo tiemporebuznaron, y cada uno engañado del rebuzno del otro, acudieron a buscarse,pensando que ya el jumento había parecido; y, en viéndose, dijo elperdidoso: ''¿Es posible, compadre, que no fue mi asno el que rebuznó?''''No fue, sino yo'', respondió el otro. ''Ahora digo -dijo el dueño-, quede vos a un asno, compadre, no hay alguna diferencia, en cuanto toca alrebuznar, porque en mi vida he visto ni oído cosa más propia''. ''Esasalabanzas y encarecimiento -respondió el de la traza-, mejor os atañen ytocan a vos que a mí, compadre; que por el Dios que me crió que podéis dardos rebuznos de ventaja al mayor y más perito rebuznador del mundo; porqueel sonido que tenéis es alto; lo sostenido de la voz, a su tiempo y compás;los dejos, muchos y apresurados, y, en resolución, yo me doy por vencido yos rindo la palma y doy la bandera desta rara habilidad''. ''Ahora digo-respondió el dueño-, que me tendré y estimaré en más de aquí adelante, ypensaré que sé alguna cosa, pues tengo alguna gracia; que, puesto quepensara que rebuznaba bien, nunca entendí que llegaba el estremo quedecís''. ''También diré yo ahora -respondió el segundo- que hay rarashabilidades perdidas en el mundo, y que son mal empleadas en aquellos queno saben aprovecharse dellas''. ''Las nuestras -respondió el dueño-, si noes en casos semejantes como el que traemos entre manos, no nos puedenservir en otros, y aun en éste plega a Dios que nos sean de provecho''.Esto dicho, se tornaron a dividir y a volver a sus rebuznos, y a cada pasose engañaban y volvían a juntarse, hasta que se dieron por contraseño que,para entender que eran ellos, y no el asno, rebuznasen dos veces, una trasotra. Con esto, doblando a cada paso los rebuznos, rodearon todo el montesin que el perdido jumento respondiese, ni aun por señas. Mas, ¿cómo habíade responder el pobre y mal logrado, si le hallaron en lo más escondido delbosque, comido de lobos? Y, en viéndole, dijo su dueño: ''Ya me maravillabayo de que él no respondía, pues a no estar muerto, él rebuznara si nosoyera, o no fuera asno; pero, a trueco de haberos oído rebuznar con tantagracia, compadre, doy por bien empleado el trabajo que he tenido enbuscarle, aunque le he hallado muerto''. ''En buena mano está, compadre-respondió el otro-, pues si bien canta el abad, no le va en zaga elmonacillo''. Con esto, desconsolados y roncos, se volvieron a su aldea,adonde contaron a sus amigos, vecinos y conocidos cuanto les habíaacontecido en la busca del asno, exagerando el uno la gracia del otro en elrebuznar; todo lo cual se supo y se estendió por los lugares circunvecinos.Y el diablo, que no duerme, como es amigo de sembrar y derramar rencillas ydiscordia por doquiera, levantando caramillos en el viento y grandesquimeras de nonada, ordenó e hizo que las gentes de los otros pueblos, enviendo a alguno de nuestra aldea, rebuznase, como dándoles en rostro con elrebuzno de nuestros regidores. Dieron en ello los muchachos, que fue dar enmanos y en bocas de todos los demonios del infierno, y fue cundiendo elrebuzno de en uno en otro pueblo, de manera que son conocidos los naturalesdel pueblo del rebuzno, como son conocidos y diferenciados los negros delos blancos; y ha llegado a tanto la desgracia desta burla, que muchasveces con mano armada y formado escuadrón han salido contra los burladoreslos burlados a darse la batalla, sin poderlo remediar rey ni roque, nitemor ni vergüenza. Yo creo que mañana o esotro día han de salir en campañalos de mi pueblo, que son los del rebuzno, contra otro lugar que está a dosleguas del nuestro, que es uno de los que más nos persiguen: y, por salirbien apercebidos, llevo compradas estas lanzas y alabardas que habéisvisto.» Y éstas son las maravillas que dije que os había de contar, y si noos lo han parecido, no sé otras.
Y con esto dio fin a su plática el buen hombre; y, en esto, entró por lapuerta de la venta un hombre todo vestido de camuza, medias, greguescos yjubón, y con voz levantada dijo:
-Señor huésped, ¿hay posada? Que viene aquí el mono adivino y el retablo dela libertad de Melisendra.
-¡Cuerpo de tal -dijo el ventero-, que aquí está el señor mase Pedro! Buenanoche se nos apareja.
Olvidábaseme de decir como el tal mase Pedro traía cubierto el ojoizquierdo, y casi medio carrillo, con un parche de tafetán verde, señal quetodo aquel lado debía de estar enfermo; y el ventero prosiguió, diciendo:
-Sea bien venido vuestra merced, señor mase Pedro. ¿Adónde está el mono yel retablo, que no los veo?
-Ya llegan cerca -respondió el todo camuza-, sino que yo me he adelantado,a saber si hay posada.
-Al mismo duque de Alba se la quitara para dársela al señor mase Pedro-respondió el ventero-; llegue el mono y el retablo, que gente hay estanoche en la venta que pagará el verle y las habilidades del mono.
-Sea en buen hora -respondió el del parche-, que yo moderaré el precio, ycon sola la costa me daré por bien pagado; y yo vuelvo a hacer que caminela carreta donde viene el mono y el retablo.
Y luego se volvió a salir de la venta.
Preguntó luego don Quijote al ventero qué mase Pedro era aquél, y quéretablo y qué mono traía. A lo que respondió el ventero:
-Éste es un famoso titerero, que ha muchos días que anda por esta Mancha deAragón enseñando un retablo de Melisendra, libertada por el famoso donGaiferos, que es una de las mejores y más bien representadas historias quede muchos años a esta parte en este reino se han visto. Trae asimismoconsigo un mono de la más rara habilidad que se vio entre monos, ni seimaginó entre hombres, porque si le preguntan algo, está atento a lo que lepreguntan y luego salta sobre los hombros de su amo, y, llegándosele aloído, le dice la respuesta de lo que le preguntan, y maese Pedro la declaraluego; y de las cosas pasadas dice mucho más que de las que están porvenir; y, aunque no todas veces acierta en todas, en las más no yerra, demodo que nos hace creer que tiene el diablo en el cuerpo. Dos reales llevapor cada pregunta, si es que el mono responde; quiero decir, si responde elamo por él, después de haberle hablado al oído; y así, se cree que el talmaese Pedro esta riquísimo; y es hombre galante, como dicen en Italia y boncompaño, y dase la mejor vida del mundo; habla más que seis y bebe más quedoce, todo a costa de su lengua y de su mono y de su retablo.
En esto, volvió maese Pedro, y en una carreta venía el retablo, y el mono,grande y sin cola, con las posaderas de fieltro, pero no de mala cara; y,apenas le vio don Quijote, cuando le preguntó:
-Dígame vuestra merced, señor adivino: ¿qué peje pillamo? ¿Qué ha de ser denosotros?. Y vea aquí mis dos reales.
Y mandó a Sancho que se los diese a maese Pedro, el cual respondió por elmono, y dijo:
-Señor, este animal no responde ni da noticia de las cosas que están porvenir; de las pasadas sabe algo, y de las presentes, algún tanto.
-¡Voto a Rus -dijo Sancho-, no dé yo un ardite porque me digan lo que pormí ha pasado!; porque, ¿quién lo puede saber mejor que yo mesmo? Y pagar yoporque me digan lo que sé, sería una gran necedad; pero, pues sabe lascosas presentes, he aquí mis dos reales, y dígame el señor monísimo quéhace ahora mi mujer Teresa Panza, y en qué se entretiene.
No quiso tomar maese Pedro el dinero, diciendo:
-No quiero recebir adelantados los premios, sin que hayan precedido losservicios.
Y, dando con la mano derecha dos golpes sobre el hombro izquierdo, en unbrinco se le puso el mono en él, y, llegando la boca al oído, daba dientecon diente muy apriesa; y, habiendo hecho este ademán por espacio de uncredo, de otro brinco se puso en el suelo, y al punto, con grandísimapriesa, se fue maese Pedro a poner de rodillas ante don Quijote, y,abrazándole las piernas, dijo:
-Estas piernas abrazo, bien así como si abrazara las dos colunas deHércules, ¡oh resucitador insigne de la ya puesta en olvido andantecaballería!; ¡oh no jamás como se debe alabado caballero don Quijote de laMancha, ánimo de los desmayados, arrimo de los que van a caer, brazo de loscaídos, báculo y consuelo de todos los desdichados!
Quedó pasmado don Quijote, absorto Sancho, suspenso el primo, atónito elpaje, abobado el del rebuzno, confuso el ventero, y, finalmente, espantadostodos los que oyeron las razones del titerero, el cual prosiguió diciendo:
-Y tú, ¡oh buen Sancho Panza!, el mejor escudero y del mejor caballero delmundo, alégrate, que tu buena mujer Teresa está buena, y ésta es la hora enque ella está rastrillando una libra de lino, y, por más señas, tiene a sulado izquierdo un jarro desbocado que cabe un buen porqué de vino, con quese entretiene en su trabajo.
-Eso creo yo muy bien -respondió Sancho-, porque es ella unabienaventurada, y, a no ser celosa, no la trocara yo por la gigantaAndandona, que, según mi señor, fue una mujer muy cabal y muy de pro; y esmi Teresa de aquellas que no se dejan mal pasar, aunque sea a costa de susherederos.
-Ahora digo -dijo a esta sazón don Quijote-, que el que lee mucho y andamucho, vee mucho y sabe mucho. Digo esto porque, ¿qué persuasión fuerabastante para persuadirme que hay monos en el mundo que adivinen, como lohe visto ahora por mis propios ojos? Porque yo soy el mesmo don Quijote dela Mancha que este buen animal ha dicho, puesto que se ha estendido algúntanto en mis alabanzas; pero comoquiera que yo me sea, doy gracias alcielo, que me dotó de un ánimo blando y compasivo, inclinado siempre ahacer bien a todos, y mal a ninguno.
-Si yo tuviera dineros -dijo el paje-, preguntara al señor mono qué me hade suceder en la peregrinación que llevo.
A lo que respondió maese Pedro, que ya se había levantado de los pies dedon Quijote:
-Ya he dicho que esta bestezuela no responde a lo por venir; que sirespondiera, no importara no haber dineros; que, por servicio del señor donQuijote, que está presente, dejara yo todos los intereses del mundo. Yagora, porque se lo debo, y por darle gusto, quiero armar mi retablo y darplacer a cuantos están en la venta, sin paga alguna.
Oyendo lo cual el ventero, alegre sobremanera, señaló el lugar donde sepodía poner el retablo, que en un punto fue hecho.
Don Quijote no estaba muy contento con las adivinanzas del mono, porparecerle no ser a propósito que un mono adivinase, ni las de por venir, nilas pasadas cosas; y así, en tanto que maese Pedro acomodaba el retablo, seretiró don Quijote con Sancho a un rincón de la caballeriza, donde, sin seroídos de nadie, le dijo:
-Mira, Sancho, yo he considerado bien la estraña habilidad deste mono, yhallo por mi cuenta que sin duda este maese Pedro, su amo, debe de tenerhecho pacto, tácito o espreso, con el demonio.
-Si el patio es espeso y del demonio -dijo Sancho-, sin duda debe de sermuy sucio patio; pero, ¿de qué provecho le es al tal maese Pedro tener esospatios?
-No me entiendes, Sancho: no quiero decir sino que debe de tener hechoalgún concierto con el demonio de que infunda esa habilidad en el mono, conque gane de comer, y después que esté rico le dará su alma, que es lo queeste universal enemigo pretende. Y háceme creer esto el ver que el mono noresponde sino a las cosas pasadas o presentes, y la sabiduría del diablo nose puede estender a más, que las por venir no las sabe si no es porconjeturas, y no todas veces; que a solo Dios está reservado conocer lostiempos y los momentos, y para Él no hay pasado ni porvenir, que todo espresente. Y, siendo esto así, como lo es, está claro que este mono hablacon el estilo del diablo; y estoy maravillado cómo no le han acusado alSanto Oficio, y examinádole y sacádole de cuajo en virtud de quién adivina;porque cierto está que este mono no es astrólogo, ni su amo ni él alzan, nisaben alzar, estas figuras que llaman judiciarias, que tanto ahora se usanen España, que no hay mujercilla, ni paje, ni zapatero de viejo que nopresuma de alzar una figura, como si fuera una sota de naipes del suelo,echando a perder con sus mentiras e ignorancias la verdad maravillosa de laciencia. De una señora sé yo que preguntó a uno destos figureros que si unaperrilla de falda pequeña, que tenía, si se empreñaría y pariría, y cuántosy de qué color serían los perros que pariese. A lo que el señor judiciario,después de haber alzado la figura, respondió que la perrica se empreñaría,y pariría tres perricos, el uno verde, el otro encarnado y el otro demezcla, con tal condición que la tal perra se cubriese entre las once ydoce del día, o de la noche, y que fuese en lunes o en sábado; y lo quesucedió fue que de allí a dos días se moría la perra de ahíta, y el señorlevantador quedó acreditado en el lugar por acertadísimo judiciario, comolo quedan todos o los más levantadores.
-Con todo eso, querría -dijo Sancho- que vuestra merced dijese a maesePedro preguntase a su mono si es verdad lo que a vuestra merced le pasó enla cueva de Montesinos; que yo para mí tengo, con perdón de vuestra merced,que todo fue embeleco y mentira, o por lo menos, cosas soñadas.
-Todo podría ser -respondió don Quijote-, pero yo haré lo que me aconsejas,puesto que me ha de quedar un no sé qué de escrúpulo.
Estando en esto, llegó maese Pedro a buscar a don Quijote y decirle que yaestaba en orden el retablo; que su merced viniese a verle, porque lomerecía. Don Quijote le comunicó su pensamiento, y le rogó preguntase luegoa su mono le dijese si ciertas cosas que había pasado en la cueva deMontesinos habían sido soñadas o verdaderas; porque a él le parecía quetenían de todo. A lo que maese Pedro, sin responder palabra, volvió a traerel mono, y, puesto delante de don Quijote y de Sancho, dijo:
-Mirad, señor mono, que este caballero quiere saber si ciertas cosas que lepasaron en una cueva llamada de Montesinos, si fueron falsas o verdaderas.
Y, haciéndole la acostumbrada señal, el mono se le subió en el hombroizquierdo, y, hablándole, al parecer, en el oído, dijo luego maese Pedro:
-El mono dice que parte de las cosas que vuesa merced vio, o pasó, en ladicha cueva son falsas, y parte verisímiles; y que esto es lo que sabe, yno otra cosa, en cuanto a esta pregunta; y que si vuesa merced quisieresaber más, que el viernes venidero responderá a todo lo que se lepreguntare, que por ahora se le ha acabado la virtud, que no le vendráhasta el viernes, como dicho tiene.
-¿No lo decía yo -dijo Sancho-, que no se me podía asentar que todo lo quevuesa merced, señor mío, ha dicho de los acontecimientos de la cueva eraverdad, ni aun la mitad?
-Los sucesos lo dirán, Sancho -respondió don Quijote-; que el tiempo,descubridor de todas las cosas, no se deja ninguna que no las saque a laluz del sol, aunque esté escondida en los senos de la tierra. Y, por hora,baste esto, y vámonos a ver el retablo del buen maese Pedro, que para mítengo que debe de tener alguna novedad.
-¿Cómo alguna? -respondió maese Pedro-: sesenta mil encierra en sí este miretablo; dígole a vuesa merced, mi señor don Quijote, que es una de lascosas más de ver que hoy tiene el mundo, y operibus credite, et non verbis;y manos a labor, que se hace tarde y tenemos mucho que hacer y que decir yque mostrar.
Obedeciéronle don Quijote y Sancho, y vinieron donde ya estaba el retablopuesto y descubierto, lleno por todas partes de candelillas de ceraencendidas, que le hacían vistoso y resplandeciente. En llegando, se metiómaese Pedro dentro dél, que era el que había de manejar las figuras delartificio, y fuera se puso un muchacho, criado del maese Pedro, para servirde intérprete y declarador de los misterios del tal retablo: tenía unavarilla en la mano, con que señalaba las figuras que salían.
Puestos, pues, todos cuantos había en la venta, y algunos en pie, fronterodel retablo, y acomodados don Quijote, Sancho, el paje y el primo en losmejores lugares, el trujamán comenzó a decir lo que oirá y verá el que leoyere o viere el capítulo siguiente.
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