Capítulo XXXIII: De la sabrosa plática que la duquesa y sus doncellas pasaron con Sancho Panza, digna de que se lea y de que se note
Don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
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Capítulo XXXIII
Cuenta, pues, la historia, que Sancho no durmió aquella siesta, sino que,por cumplir su palabra, vino en comiendo a ver a la duquesa; la cual, conel gusto que tenía de oírle, le hizo sentar junto a sí en una silla baja,aunque Sancho, de puro bien criado, no quería sentarse; pero la duquesa ledijo que se sentase como gobernador y hablase como escudero, puesto que porentrambas cosas merecía el mismo escaño del Cid Ruy Díaz Campeador.
Encogió Sancho los hombros, obedeció y sentóse, y todas las doncellas ydueñas de la duquesa la rodearon, atentas, con grandísimo silencio, aescuchar lo que diría; pero la duquesa fue la que habló primero, diciendo:
-Ahora que estamos solos, y que aquí no nos oye nadie, querría yo que elseñor gobernador me asolviese ciertas dudas que tengo, nacidas de lahistoria que del gran don Quijote anda ya impresa; una de las cuales dudases que, pues el buen Sancho nunca vio a Dulcinea, digo, a la señoraDulcinea del Toboso, ni le llevó la carta del señor don Quijote, porque sequedó en el libro de memoria en Sierra Morena, cómo se atrevió a fingir larespuesta, y aquello de que la halló ahechando trigo, siendo todo burla ymentira, y tan en daño de la buena opinión de la sin par Dulcinea, y todasque no vienen bien con la calidad y fidelidad de los buenos escuderos.
A estas razones, sin responder con alguna, se levantó Sancho de la silla,y, con pasos quedos, el cuerpo agobiado y el dedo puesto sobre los labios,anduvo por toda la sala levantando los doseles; y luego, esto hecho, sevolvió a sentar y dijo:
-Ahora, señora mía, que he visto que no nos escucha nadie de solapa, fuerade los circunstantes, sin temor ni sobresalto responderé a lo que se me hapreguntado, y a todo aquello que se me preguntare; y lo primero que digo esque yo tengo a mi señor don Quijote por loco rematado, puesto que algunasveces dice cosas que, a mi parecer, y aun de todos aquellos que leescuchan, son tan discretas y por tan buen carril encaminadas, que el mesmoSatanás no las podría decir mejores; pero, con todo esto, verdaderamente ysin escrúpulo, a mí se me ha asentado que es un mentecato. Pues, como yotengo esto en el magín, me atrevo a hacerle creer lo que no lleva pies nicabeza, como fue aquello de la respuesta de la carta, y lo de habrá seis oocho días, que aún no está en historia; conviene a saber: lo del encanto demi señora doña Dulcinea, que le he dado a entender que está encantada, nosiendo más verdad que por los cerros de Úbeda.
Rogóle la duquesa que le contase aquel encantamento o burla, y Sancho se locontó todo del mesmo modo que había pasado, de que no poco gusto recibieronlos oyentes; y, prosiguiendo en su plática, dijo la duquesa:
-De lo que el buen Sancho me ha contado me anda brincando un escrúpulo enel alma y un cierto susurro llega a mis oídos, que me dice: ''Pues donQuijote de la Mancha es loco, menguado y mentecato, y Sancho Panza suescudero lo conoce, y, con todo eso, le sirve y le sigue y va atenido a lasvanas promesas suyas, sin duda alguna debe de ser él más loco y tonto quesu amo; y, siendo esto así, como lo es, mal contado te será, señoraduquesa, si al tal Sancho Panza le das ínsula que gobierne, porque el queno sabe gobernarse a sí, ¿cómo sabrá gobernar a otros?''
-Par Dios, señora -dijo Sancho-, que ese escrúpulo viene con parto derecho;pero dígale vuesa merced que hable claro, o como quisiere, que yo conozcoque dice verdad: que si yo fuera discreto, días ha que había de haberdejado a mi amo. Pero ésta fue mi suerte, y ésta mi malandanza; no puedomás, seguirle tengo: somos de un mismo lugar, he comido su pan, quiérolebien, es agradecido, diome sus pollinos, y, sobre todo, yo soy fiel; y así,es imposible que nos pueda apartar otro suceso que el de la pala y azadón.Y si vuestra altanería no quisiere que se me dé el prometido gobierno, demenos me hizo Dios, y podría ser que el no dármele redundase en pro de miconciencia; que, maguera tonto, se me entiende aquel refrán de ''por su malle nacieron alas a la hormiga''; y aun podría ser que se fuese más aínaSancho escudero al cielo, que no Sancho gobernador. Tan buen pan hacen aquícomo en Francia; y de noche todos los gatos son pardos, y asaz dedesdichada es la persona que a las dos de la tarde no se ha desayunado; yno hay estómago que sea un palmo mayor que otro, el cual se puede llenar,como suele decirse, de paja y de heno; y las avecitas del campo tienen aDios por su proveedor y despensero; y más calientan cuatro varas de paño deCuenca que otras cuatro de límiste de Segovia; y al dejar este mundo ymeternos la tierra adentro, por tan estrecha senda va el príncipe como eljornalero, y no ocupa más pies de tierra el cuerpo del Papa que el delsacristán, aunque sea más alto el uno que el otro; que al entrar en el hoyotodos nos ajustamos y encogemos, o nos hacen ajustar y encoger, mal que nospese y a buenas noches. Y torno a decir que si vuestra señoría no mequisiere dar la ínsula por tonto, yo sabré no dárseme nada por discreto; yyo he oído decir que detrás de la cruz está el diablo, y que no es oro todolo que reluce, y que de entre los bueyes, arados y coyundas sacaron allabrador Wamba para ser rey de España, y de entre los brocados, pasatiemposy riquezas sacaron a Rodrigo para ser comido de culebras, si es que lastrovas de los romances antiguos no mienten.
-Y ¡cómo que no mienten! -dijo a esta sazón doña Rodríguez la dueña, queera una de las escuchantes-: que un romance hay que dice que metieron alrey Rodrigo, vivo vivo, en una tumba llena de sapos, culebras y lagartos, yque de allí a dos días dijo el rey desde dentro de la tumba, con vozdoliente y baja:
Ya me comen, ya me comen
por do más pecado había;
y, según esto, mucha razón tiene este señor en decir que quiere más ser máslabrador que rey, si le han de comer sabandijas.
No pudo la duquesa tener la risa, oyendo la simplicidad de su dueña, nidejó de admirarse en oír las razones y refranes de Sancho, a quien dijo:
-Ya sabe el buen Sancho que lo que una vez promete un caballero procuracumplirlo, aunque le cueste la vida. El duque, mi señor y marido, aunque noes de los andantes, no por eso deja de ser caballero, y así, cumplirá lapalabra de la prometida ínsula, a pesar de la invidia y de la malicia delmundo. Esté Sancho de buen ánimo, que cuando menos lo piense se verásentado en la silla de su ínsula y en la de su estado, y empuñará sugobierno, que con otro de brocado de tres altos lo deseche. Lo que yo leencargo es que mire cómo gobierna sus vasallos, advirtiendo que todos sonleales y bien nacidos.
-Eso de gobernarlos bien -respondió Sancho- no hay para qué encargármelo,porque yo soy caritativo de mío y tengo compasión de los pobres; y a quiencuece y amasa, no le hurtes hogaza; y para mi santiguada que no me han deechar dado falso; soy perro viejo, y entiendo todo tus, tus, y sédespabilarme a sus tiempos, y no consiento que me anden musarañas ante losojos, porque sé dónde me aprieta el zapato: dígolo porque los buenostendrán conmigo mano y concavidad, y los malos, ni pie ni entrada. Yparéceme a mí que en esto de los gobiernos todo es comenzar, y podría serque a quince días de gobernador me comiese las manos tras el oficio ysupiese más dél que de la labor del campo, en que me he criado.
-Vos tenéis razón razón, Sancho -dijo la duquesa-, que nadie nace enseñado,y de los hombres se hacen los obispos, que no de las piedras. Pero,volviendo a la plática que poco ha tratábamos del encanto de la señoraDulcinea, tengo por cosa cierta y más que averiguada que aquellaimaginación que Sancho tuvo de burlar a su señor y darle a entender que lalabradora era Dulcinea, y que si su señor no la conocía debía de ser porestar encantada, toda fue invención de alguno de los encantadores que alseñor don Quijote persiguen; porque real y verdaderamente yo sé de buenaparte que la villana que dio el brinco sobre la pollina era y es Dulcineadel Toboso, y que el buen Sancho, pensando ser el engañador, es elengañado; y no hay poner más duda en esta verdad que en las cosas que nuncavimos; y sepa el señor Sancho Panza que también tenemos acá encantadoresque nos quieren bien, y nos dicen lo que pasa por el mundo, pura ysencillamente, sin enredos ni máquinas; y créame Sancho que la villanabrincadora era y es Dulcinea del Toboso, que está encantada como la madreque la parió; y cuando menos nos pensemos, la habemos de ver en su propiafigura, y entonces saldrá Sancho del engaño en que vive.
-Bien puede ser todo eso -dijo Sancho Panza-; y agora quiero creer lo quemi amo cuenta de lo que vio en la cueva de Montesinos, donde dice que vio ala señora Dulcinea del Toboso en el mesmo traje y hábito que yo dije que lahabía visto cuando la encanté por solo mi gusto; y todo debió de ser alrevés, como vuesa merced, señora mía, dice, porque de mi ruin ingenio no sepuede ni debe presumir que fabricase en un instante tan agudo embuste, nicreo yo que mi amo es tan loco que con tan flaca y magra persuasión como lamía creyese una cosa tan fuera de todo término. Pero, señora, no por estoserá bien que vuestra bondad me tenga por malévolo, pues no está obligadoun porro como yo a taladrar los pensamientos y malicias de los pésimosencantadores: yo fingí aquello por escaparme de las riñas de mi señor donQuijote, y no con intención de ofenderle; y si ha salido al revés, Diosestá en el cielo, que juzga los corazones.
-Así es la verdad -dijo la duquesa-; pero dígame agora, Sancho, qué es estoque dice de la cueva de Montesinos, que gustaría saberlo.
Entonces Sancho Panza le contó punto por punto lo que queda dicho acerca dela tal aventura. Oyendo lo cual la duquesa, dijo:
-Deste suceso se puede inferir que, pues el gran don Quijote dice que vioallí a la mesma labradora que Sancho vio a la salida del Toboso, sin dudaes Dulcinea, y que andan por aquí los encantadores muy listos ydemasiadamente curiosos.
-Eso digo yo -dijo Sancho Panza-, que si mi señora Dulcinea del Toboso estáencantada, su daño; que yo no me tengo de tomar, yo, con los enemigos de miamo, que deben de ser muchos y malos. Verdad sea que la que yo vi fue unalabradora, y por labradora la tuve, y por tal labradora la juzgué; y siaquélla era Dulcinea, no ha de estar a mi cuenta, ni ha de correr por mí, osobre ello, morena. No, sino ándense a cada triquete conmigo a dime ydirete, "Sancho lo dijo, Sancho lo hizo, Sancho tornó y Sancho volvió",como si Sancho fuese algún quienquiera, y no fuese el mismo Sancho Panza,el que anda ya en libros por ese mundo adelante, según me dijo SansónCarrasco, que, por lo menos, es persona bachillerada por Salamanca, y lostales no pueden mentir si no es cuando se les antoja o les viene muy acuento; así que, no hay para qué nadie se tome conmigo, y pues que tengobuena fama, y, según oí decir a mi señor, que más vale el buen nombre quelas muchas riquezas, encájenme ese gobierno y verán maravillas; que quienha sido buen escudero será buen gobernador.
-Todo cuanto aquí ha dicho el buen Sancho -dijo la duquesa- son sentenciascatonianas, o, por lo menos, sacadas de las mesmas entrañas del mismoMicael Verino, florentibus occidit annis. En fin, en fin, hablando a sumodo, debajo de mala capa suele haber buen bebedor.
-En verdad, señora -respondió Sancho-, que en mi vida he bebido de malicia;con sed bien podría ser, porque no tengo nada de hipócrita: bebo cuandotengo gana, y cuando no la tengo y cuando me lo dan, por no parecer omelindroso o malcriado; que a un brindis de un amigo, ¿qué corazón ha dehaber tan de mármol que no haga la razón? Pero, aunque las calzo, no lasensucio; cuanto más, que los escuderos de los caballeros andantes, casi deordinario beben agua, porque siempre andan por florestas, selvas y prados,montañas y riscos, sin hallar una misericordia de vino, si dan por ella unojo.
-Yo lo creo así -respondió la duquesa-. Y por ahora, váyase Sancho areposar, que después hablaremos más largo y daremos orden como vaya prestoa encajarse, como él dice, aquel gobierno.
De nuevo le besó las manos Sancho a la duquesa, y le suplicó le hiciesemerced de que se tuviese buena cuenta con su rucio, porque era la lumbre desus ojos.
-¿Qué rucio es éste? -preguntó la duquesa.
-Mi asno -respondió Sancho-, que por no nombrarle con este nombre, le suelollamar el rucio; y a esta señora dueña le rogué, cuando entré en estecastillo, tuviese cuenta con él, y azoróse de manera como si la hubieradicho que era fea o vieja, debiendo ser más propio y natural de las dueñaspensar jumentos que autorizar las salas. ¡Oh, válame Dios, y cuán malestaba con estas señoras un hidalgo de mi lugar!
-Sería algún villano -dijo doña Rodríguez, la dueña-, que si él fuerahidalgo y bien nacido, él las pusiera sobre el cuerno de la luna.
-Agora bien -dijo la duquesa-, no haya más: calle doña Rodríguez ysosiéguese el señor Panza, y quédese a mi cargo el regalo del rucio; que,por ser alhaja de Sancho, le pondré yo sobre las niñas de mis ojos.
-En la caballeriza basta que esté -respondió Sancho-, que sobre las niñasde los ojos de vuestra grandeza ni él ni yo somos dignos de estar sólo unmomento, y así lo consintiría yo como darme de puñaladas; que, aunque dicemi señor que en las cortesías antes se ha de perder por carta de más que demenos, en las jumentiles y así niñas se ha de ir con el compás en la mano ycon medido término.
-Llévele -dijo la duquesa- Sancho al gobierno, y allá le podrá regalar comoquisiere, y aun jubilarle del trabajo.
-No piense vuesa merced, señora duquesa, que ha dicho mucho -dijo Sancho-;que yo he visto ir más de dos asnos a los gobiernos, y que llevase yo elmío no sería cosa nueva.
Las razones de Sancho renovaron en la duquesa la risa y el contento; y,enviándole a reposar, ella fue a dar cuenta al duque de lo que con él habíapasado, y entre los dos dieron traza y orden de hacer una burla a donQuijote que fuese famosa y viniese bien con el estilo caballeresco, en elcual le hicieron muchas, tan propias y discretas, que son las mejoresaventuras que en esta grande historia se contienen.
Encogió Sancho los hombros, obedeció y sentóse, y todas las doncellas ydueñas de la duquesa la rodearon, atentas, con grandísimo silencio, aescuchar lo que diría; pero la duquesa fue la que habló primero, diciendo:
-Ahora que estamos solos, y que aquí no nos oye nadie, querría yo que elseñor gobernador me asolviese ciertas dudas que tengo, nacidas de lahistoria que del gran don Quijote anda ya impresa; una de las cuales dudases que, pues el buen Sancho nunca vio a Dulcinea, digo, a la señoraDulcinea del Toboso, ni le llevó la carta del señor don Quijote, porque sequedó en el libro de memoria en Sierra Morena, cómo se atrevió a fingir larespuesta, y aquello de que la halló ahechando trigo, siendo todo burla ymentira, y tan en daño de la buena opinión de la sin par Dulcinea, y todasque no vienen bien con la calidad y fidelidad de los buenos escuderos.
A estas razones, sin responder con alguna, se levantó Sancho de la silla,y, con pasos quedos, el cuerpo agobiado y el dedo puesto sobre los labios,anduvo por toda la sala levantando los doseles; y luego, esto hecho, sevolvió a sentar y dijo:
-Ahora, señora mía, que he visto que no nos escucha nadie de solapa, fuerade los circunstantes, sin temor ni sobresalto responderé a lo que se me hapreguntado, y a todo aquello que se me preguntare; y lo primero que digo esque yo tengo a mi señor don Quijote por loco rematado, puesto que algunasveces dice cosas que, a mi parecer, y aun de todos aquellos que leescuchan, son tan discretas y por tan buen carril encaminadas, que el mesmoSatanás no las podría decir mejores; pero, con todo esto, verdaderamente ysin escrúpulo, a mí se me ha asentado que es un mentecato. Pues, como yotengo esto en el magín, me atrevo a hacerle creer lo que no lleva pies nicabeza, como fue aquello de la respuesta de la carta, y lo de habrá seis oocho días, que aún no está en historia; conviene a saber: lo del encanto demi señora doña Dulcinea, que le he dado a entender que está encantada, nosiendo más verdad que por los cerros de Úbeda.
Rogóle la duquesa que le contase aquel encantamento o burla, y Sancho se locontó todo del mesmo modo que había pasado, de que no poco gusto recibieronlos oyentes; y, prosiguiendo en su plática, dijo la duquesa:
-De lo que el buen Sancho me ha contado me anda brincando un escrúpulo enel alma y un cierto susurro llega a mis oídos, que me dice: ''Pues donQuijote de la Mancha es loco, menguado y mentecato, y Sancho Panza suescudero lo conoce, y, con todo eso, le sirve y le sigue y va atenido a lasvanas promesas suyas, sin duda alguna debe de ser él más loco y tonto quesu amo; y, siendo esto así, como lo es, mal contado te será, señoraduquesa, si al tal Sancho Panza le das ínsula que gobierne, porque el queno sabe gobernarse a sí, ¿cómo sabrá gobernar a otros?''
-Par Dios, señora -dijo Sancho-, que ese escrúpulo viene con parto derecho;pero dígale vuesa merced que hable claro, o como quisiere, que yo conozcoque dice verdad: que si yo fuera discreto, días ha que había de haberdejado a mi amo. Pero ésta fue mi suerte, y ésta mi malandanza; no puedomás, seguirle tengo: somos de un mismo lugar, he comido su pan, quiérolebien, es agradecido, diome sus pollinos, y, sobre todo, yo soy fiel; y así,es imposible que nos pueda apartar otro suceso que el de la pala y azadón.Y si vuestra altanería no quisiere que se me dé el prometido gobierno, demenos me hizo Dios, y podría ser que el no dármele redundase en pro de miconciencia; que, maguera tonto, se me entiende aquel refrán de ''por su malle nacieron alas a la hormiga''; y aun podría ser que se fuese más aínaSancho escudero al cielo, que no Sancho gobernador. Tan buen pan hacen aquícomo en Francia; y de noche todos los gatos son pardos, y asaz dedesdichada es la persona que a las dos de la tarde no se ha desayunado; yno hay estómago que sea un palmo mayor que otro, el cual se puede llenar,como suele decirse, de paja y de heno; y las avecitas del campo tienen aDios por su proveedor y despensero; y más calientan cuatro varas de paño deCuenca que otras cuatro de límiste de Segovia; y al dejar este mundo ymeternos la tierra adentro, por tan estrecha senda va el príncipe como eljornalero, y no ocupa más pies de tierra el cuerpo del Papa que el delsacristán, aunque sea más alto el uno que el otro; que al entrar en el hoyotodos nos ajustamos y encogemos, o nos hacen ajustar y encoger, mal que nospese y a buenas noches. Y torno a decir que si vuestra señoría no mequisiere dar la ínsula por tonto, yo sabré no dárseme nada por discreto; yyo he oído decir que detrás de la cruz está el diablo, y que no es oro todolo que reluce, y que de entre los bueyes, arados y coyundas sacaron allabrador Wamba para ser rey de España, y de entre los brocados, pasatiemposy riquezas sacaron a Rodrigo para ser comido de culebras, si es que lastrovas de los romances antiguos no mienten.
-Y ¡cómo que no mienten! -dijo a esta sazón doña Rodríguez la dueña, queera una de las escuchantes-: que un romance hay que dice que metieron alrey Rodrigo, vivo vivo, en una tumba llena de sapos, culebras y lagartos, yque de allí a dos días dijo el rey desde dentro de la tumba, con vozdoliente y baja:
Ya me comen, ya me comen
por do más pecado había;
y, según esto, mucha razón tiene este señor en decir que quiere más ser máslabrador que rey, si le han de comer sabandijas.
No pudo la duquesa tener la risa, oyendo la simplicidad de su dueña, nidejó de admirarse en oír las razones y refranes de Sancho, a quien dijo:
-Ya sabe el buen Sancho que lo que una vez promete un caballero procuracumplirlo, aunque le cueste la vida. El duque, mi señor y marido, aunque noes de los andantes, no por eso deja de ser caballero, y así, cumplirá lapalabra de la prometida ínsula, a pesar de la invidia y de la malicia delmundo. Esté Sancho de buen ánimo, que cuando menos lo piense se verásentado en la silla de su ínsula y en la de su estado, y empuñará sugobierno, que con otro de brocado de tres altos lo deseche. Lo que yo leencargo es que mire cómo gobierna sus vasallos, advirtiendo que todos sonleales y bien nacidos.
-Eso de gobernarlos bien -respondió Sancho- no hay para qué encargármelo,porque yo soy caritativo de mío y tengo compasión de los pobres; y a quiencuece y amasa, no le hurtes hogaza; y para mi santiguada que no me han deechar dado falso; soy perro viejo, y entiendo todo tus, tus, y sédespabilarme a sus tiempos, y no consiento que me anden musarañas ante losojos, porque sé dónde me aprieta el zapato: dígolo porque los buenostendrán conmigo mano y concavidad, y los malos, ni pie ni entrada. Yparéceme a mí que en esto de los gobiernos todo es comenzar, y podría serque a quince días de gobernador me comiese las manos tras el oficio ysupiese más dél que de la labor del campo, en que me he criado.
-Vos tenéis razón razón, Sancho -dijo la duquesa-, que nadie nace enseñado,y de los hombres se hacen los obispos, que no de las piedras. Pero,volviendo a la plática que poco ha tratábamos del encanto de la señoraDulcinea, tengo por cosa cierta y más que averiguada que aquellaimaginación que Sancho tuvo de burlar a su señor y darle a entender que lalabradora era Dulcinea, y que si su señor no la conocía debía de ser porestar encantada, toda fue invención de alguno de los encantadores que alseñor don Quijote persiguen; porque real y verdaderamente yo sé de buenaparte que la villana que dio el brinco sobre la pollina era y es Dulcineadel Toboso, y que el buen Sancho, pensando ser el engañador, es elengañado; y no hay poner más duda en esta verdad que en las cosas que nuncavimos; y sepa el señor Sancho Panza que también tenemos acá encantadoresque nos quieren bien, y nos dicen lo que pasa por el mundo, pura ysencillamente, sin enredos ni máquinas; y créame Sancho que la villanabrincadora era y es Dulcinea del Toboso, que está encantada como la madreque la parió; y cuando menos nos pensemos, la habemos de ver en su propiafigura, y entonces saldrá Sancho del engaño en que vive.
-Bien puede ser todo eso -dijo Sancho Panza-; y agora quiero creer lo quemi amo cuenta de lo que vio en la cueva de Montesinos, donde dice que vio ala señora Dulcinea del Toboso en el mesmo traje y hábito que yo dije que lahabía visto cuando la encanté por solo mi gusto; y todo debió de ser alrevés, como vuesa merced, señora mía, dice, porque de mi ruin ingenio no sepuede ni debe presumir que fabricase en un instante tan agudo embuste, nicreo yo que mi amo es tan loco que con tan flaca y magra persuasión como lamía creyese una cosa tan fuera de todo término. Pero, señora, no por estoserá bien que vuestra bondad me tenga por malévolo, pues no está obligadoun porro como yo a taladrar los pensamientos y malicias de los pésimosencantadores: yo fingí aquello por escaparme de las riñas de mi señor donQuijote, y no con intención de ofenderle; y si ha salido al revés, Diosestá en el cielo, que juzga los corazones.
-Así es la verdad -dijo la duquesa-; pero dígame agora, Sancho, qué es estoque dice de la cueva de Montesinos, que gustaría saberlo.
Entonces Sancho Panza le contó punto por punto lo que queda dicho acerca dela tal aventura. Oyendo lo cual la duquesa, dijo:
-Deste suceso se puede inferir que, pues el gran don Quijote dice que vioallí a la mesma labradora que Sancho vio a la salida del Toboso, sin dudaes Dulcinea, y que andan por aquí los encantadores muy listos ydemasiadamente curiosos.
-Eso digo yo -dijo Sancho Panza-, que si mi señora Dulcinea del Toboso estáencantada, su daño; que yo no me tengo de tomar, yo, con los enemigos de miamo, que deben de ser muchos y malos. Verdad sea que la que yo vi fue unalabradora, y por labradora la tuve, y por tal labradora la juzgué; y siaquélla era Dulcinea, no ha de estar a mi cuenta, ni ha de correr por mí, osobre ello, morena. No, sino ándense a cada triquete conmigo a dime ydirete, "Sancho lo dijo, Sancho lo hizo, Sancho tornó y Sancho volvió",como si Sancho fuese algún quienquiera, y no fuese el mismo Sancho Panza,el que anda ya en libros por ese mundo adelante, según me dijo SansónCarrasco, que, por lo menos, es persona bachillerada por Salamanca, y lostales no pueden mentir si no es cuando se les antoja o les viene muy acuento; así que, no hay para qué nadie se tome conmigo, y pues que tengobuena fama, y, según oí decir a mi señor, que más vale el buen nombre quelas muchas riquezas, encájenme ese gobierno y verán maravillas; que quienha sido buen escudero será buen gobernador.
-Todo cuanto aquí ha dicho el buen Sancho -dijo la duquesa- son sentenciascatonianas, o, por lo menos, sacadas de las mesmas entrañas del mismoMicael Verino, florentibus occidit annis. En fin, en fin, hablando a sumodo, debajo de mala capa suele haber buen bebedor.
-En verdad, señora -respondió Sancho-, que en mi vida he bebido de malicia;con sed bien podría ser, porque no tengo nada de hipócrita: bebo cuandotengo gana, y cuando no la tengo y cuando me lo dan, por no parecer omelindroso o malcriado; que a un brindis de un amigo, ¿qué corazón ha dehaber tan de mármol que no haga la razón? Pero, aunque las calzo, no lasensucio; cuanto más, que los escuderos de los caballeros andantes, casi deordinario beben agua, porque siempre andan por florestas, selvas y prados,montañas y riscos, sin hallar una misericordia de vino, si dan por ella unojo.
-Yo lo creo así -respondió la duquesa-. Y por ahora, váyase Sancho areposar, que después hablaremos más largo y daremos orden como vaya prestoa encajarse, como él dice, aquel gobierno.
De nuevo le besó las manos Sancho a la duquesa, y le suplicó le hiciesemerced de que se tuviese buena cuenta con su rucio, porque era la lumbre desus ojos.
-¿Qué rucio es éste? -preguntó la duquesa.
-Mi asno -respondió Sancho-, que por no nombrarle con este nombre, le suelollamar el rucio; y a esta señora dueña le rogué, cuando entré en estecastillo, tuviese cuenta con él, y azoróse de manera como si la hubieradicho que era fea o vieja, debiendo ser más propio y natural de las dueñaspensar jumentos que autorizar las salas. ¡Oh, válame Dios, y cuán malestaba con estas señoras un hidalgo de mi lugar!
-Sería algún villano -dijo doña Rodríguez, la dueña-, que si él fuerahidalgo y bien nacido, él las pusiera sobre el cuerno de la luna.
-Agora bien -dijo la duquesa-, no haya más: calle doña Rodríguez ysosiéguese el señor Panza, y quédese a mi cargo el regalo del rucio; que,por ser alhaja de Sancho, le pondré yo sobre las niñas de mis ojos.
-En la caballeriza basta que esté -respondió Sancho-, que sobre las niñasde los ojos de vuestra grandeza ni él ni yo somos dignos de estar sólo unmomento, y así lo consintiría yo como darme de puñaladas; que, aunque dicemi señor que en las cortesías antes se ha de perder por carta de más que demenos, en las jumentiles y así niñas se ha de ir con el compás en la mano ycon medido término.
-Llévele -dijo la duquesa- Sancho al gobierno, y allá le podrá regalar comoquisiere, y aun jubilarle del trabajo.
-No piense vuesa merced, señora duquesa, que ha dicho mucho -dijo Sancho-;que yo he visto ir más de dos asnos a los gobiernos, y que llevase yo elmío no sería cosa nueva.
Las razones de Sancho renovaron en la duquesa la risa y el contento; y,enviándole a reposar, ella fue a dar cuenta al duque de lo que con él habíapasado, y entre los dos dieron traza y orden de hacer una burla a donQuijote que fuese famosa y viniese bien con el estilo caballeresco, en elcual le hicieron muchas, tan propias y discretas, que son las mejoresaventuras que en esta grande historia se contienen.
Capítulo anterior: De la respuesta que dio don Quijote a su reprehensor, con otros graves y graciosos sucesos
Capítulo siguiente: Que cuenta de la noticia que se tuvo de cómo se había de desencantar la sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las aventuras más famosas deste libro