Capítulo LI: Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros sucesos tales como buenos


Don Quijote de la Mancha


Miguel de Cervantes Saavedra


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Capítulo anterior: Donde se declara quién fueron los encantadores y verdugos que azotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a don Quijote, con el suceso que tuvo el paje que llevó la carta a Teresa Sancha, mujer de Sancho Panza
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Amaneció el día que se siguió a la noche de la ronda del gobernador, lacual el maestresala pasó sin dormir, ocupado el pensamiento en el rostro,brío y belleza de la disfrazada doncella; y el mayordomo ocupó lo que dellafaltaba en escribir a sus señores lo que Sancho Panza hacía y decía, tanadmirado de sus hechos como de sus dichos: porque andaban mezcladas suspalabras y sus acciones, con asomos discretos y tontos.

Levantóse, en fin, el señor gobernador, y, por orden del doctor PedroRecio, le hicieron desayunar con un poco de conserva y cuatro tragos deagua fría, cosa que la trocara Sancho con un pedazo de pan y un racimo deuvas; pero, viendo que aquello era más fuerza que voluntad, pasó por ello,con harto dolor de su alma y fatiga de su estómago, haciéndole creer PedroRecio que los manjares pocos y delicados avivaban el ingenio, que era loque más convenía a las personas constituidas en mandos y en oficios graves,donde se han de aprovechar no tanto de las fuerzas corporales como de lasdel entendimiento.

Con esta sofistería padecía hambre Sancho, y tal, que en su secretomaldecía el gobierno y aun a quien se le había dado; pero, con su hambre ycon su conserva, se puso a juzgar aquel día, y lo primero que se le ofreciófue una pregunta que un forastero le hizo, estando presentes a todo elmayordomo y los demás acólitos, que fue:

-Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío (y estévuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algodificultoso). Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabodella, una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinariohabía cuatro jueces que juzgaban la ley que puso el dueño del río, de lapuente y del señorío, que era en esta forma: "Si alguno pasare por estapuente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y sijurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcadoen la horca que allí se muestra, sin remisión alguna". Sabida esta ley y larigurosa condición della, pasaban muchos, y luego en lo que juraban seechaba de ver que decían verdad, y los jueces los dejaban pasarlibremente. Sucedió, pues, que, tomando juramento a un hombre, juró y dijoque para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allíestaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron:''Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y,conforme a la ley, debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a moriren aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe serlibre''. Pídese a vuesa merced, señor gobernador, qué harán los jueces deltal hombre; que aun hasta agora están dudosos y suspensos. Y, habiendotenido noticia del agudo y elevado entendimiento de vuestra merced, meenviaron a mí a que suplicase a vuestra merced de su parte diese su pareceren tan intricado y dudoso caso.

A lo que respondió Sancho:

-Por cierto que esos señores jueces que a mí os envían lo pudieran haberescusado, porque yo soy un hombre que tengo más de mostrenco que de agudo;pero, con todo eso, repetidme otra vez el negocio de modo que yo leentienda: quizá podría ser que diese en el hito.

Volvió otra y otra vez el preguntante a referir lo que primero había dicho,y Sancho dijo:

-A mi parecer, este negocio en dos paletas le declararé yo, y es así: eltal hombre jura que va a morir en la horca, y si muere en ella, juróverdad, y por la ley puesta merece ser libre y que pase la puente; y si nole ahorcan, juró mentira, y por la misma ley merece que le ahorquen.

-Así es como el señor gobernador dice -dijo el mensajero-; y cuanto a laentereza y entendimiento del caso, no hay más que pedir ni que dudar.

-Digo yo, pues, agora -replicó Sancho- que deste hombre aquella parte quejuró verdad la dejen pasar, y la que dijo mentira la ahorquen, y destamanera se cumplirá al pie de la letra la condición del pasaje.

-Pues, señor gobernador -replicó el preguntador-, será necesario que el talhombre se divida en partes, en mentirosa y verdadera; y si se divide, porfuerza ha de morir, y así no se consigue cosa alguna de lo que la ley pide,y es de necesidad espresa que se cumpla con ella.

-Venid acá, señor buen hombre -respondió Sancho-; este pasajero que decís,o yo soy un porro, o él tiene la misma razón para morir que para vivir ypasar la puente; porque si la verdad le salva, la mentira le condenaigualmente; y, siendo esto así, como lo es, soy de parecer que digáis aesos señores que a mí os enviaron que, pues están en un fil las razones decondenarle o asolverle, que le dejen pasar libremente, pues siempre esalabado más el hacer bien que mal, y esto lo diera firmado de mi nombre, sisupiera firmar; y yo en este caso no he hablado de mío, sino que se me vinoa la memoria un precepto, entre otros muchos que me dio mi amo don Quijotela noche antes que viniese a ser gobernador desta ínsula: que fue que,cuando la justicia estuviese en duda, me decantase y acogiese a lamisericordia; y ha querido Dios que agora se me acordase, por venir en estecaso como de molde.

Así es -respondió el mayordomo-, y tengo para mí que el mismo Licurgo, quedio leyes a los lacedemonios, no pudiera dar mejor sentencia que la que elgran Panza ha dado. Y acábese con esto la audiencia desta mañana, y yo daréorden como el señor gobernador coma muy a su gusto.

-Eso pido, y barras derechas -dijo Sancho-: denme de comer, y lluevan casosy dudas sobre mí, que yo las despabilaré en el aire.

Cumplió su palabra el mayordomo, pareciéndole ser cargo de conciencia matarde hambre a tan discreto gobernador; y más, que pensaba concluir con élaquella misma noche haciéndole la burla última que traía en comisión dehacerle.

Sucedió, pues, que, habiendo comido aquel día contra las reglas y aforismosdel doctor Tirteafuera, al levantar de los manteles, entró un correo conuna carta de don Quijote para el gobernador. Mandó Sancho al secretario quela leyese para sí, y que si no viniese en ella alguna cosa digna desecreto, la leyese en voz alta. Hízolo así el secretario, y, repasándolaprimero, dijo:

-Bien se puede leer en voz alta, que lo que el señor don Quijote escribe avuestra merced merece estar estampado y escrito con letras de oro, y diceasí:

Carta de don Quijote de la Mancha a Sancho Panza, gobernador de la ínsulaBarataria

Cuando esperaba oír nuevas de tus descuidos e impertinencias, Sancho amigo,las oí de tus discreciones, de que di por ello gracias particulares alcielo, el cual del estiércol sabe levantar los pobres, y de los tontoshacer discretos. Dícenme que gobiernas como si fueses hombre, y que ereshombre como si fueses bestia, según es la humildad con que te tratas; yquiero que adviertas, Sancho, que muchas veces conviene y es necesario, porla autoridad del oficio, ir contra la humildad del corazón; porque el buenadorno de la persona que está puesta en graves cargos ha de ser conforme alo que ellos piden, y no a la medida de lo que su humilde condición leinclina. Vístete bien, que un palo compuesto no parece palo. No digo quetraigas dijes ni galas, ni que siendo juez te vistas como soldado, sino quete adornes con el hábito que tu oficio requiere, con tal que sea limpio ybien compuesto.

Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacerdos cosas: la una, ser bien criado con todos, aunque esto ya otra vez te lohe dicho; y la otra, procurar la abundancia de los mantenimientos; que nohay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que la hambre y lacarestía.

No hagas muchas pragmáticas; y si las hicieres, procura que sean buenas, y,sobre todo, que se guarden y cumplan; que las pragmáticas que no seguardan, lo mismo es que si no lo fuesen; antes dan a entender que elpríncipe que tuvo discreción y autoridad para hacerlas, no tuvo valor parahacer que se guardasen; y las leyes que atemorizan y no se ejecutan, vienena ser como la viga, rey de las ranas: que al principio las espantó, y conel tiempo la menospreciaron y se subieron sobre ella.

Sé padre de las virtudes y padrastro de los vicios. No seas siempreriguroso, ni siempre blando, y escoge el medio entre estos dos estremos,que en esto está el punto de la discreción. Visita las cárceles, lascarnicerías y las plazas, que la presencia del gobernador en lugares taleses de mucha importancia: consuela a los presos, que esperan la brevedad desu despacho; es coco a los carniceros, que por entonces igualan los pesos,y es espantajo a las placeras, por la misma razón. No te muestres, aunquepor ventura lo seas -lo cual yo no creo-, codicioso, mujeriego ni glotón;porque, en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinacióndeterminada, por allí te darán batería, hasta derribarte en el profundo dela perdición.

Mira y remira, pasa y repasa los consejos y documentos que te di porescrito antes que de aquí partieses a tu gobierno, y verás como hallas enellos, si los guardas, una ayuda de costa que te sobrelleve los trabajos ydificultades que a cada paso a los gobernadores se les ofrecen. Escribe atus señores y muéstrateles agradecido, que la ingratitud es hija de lasoberbia, y uno de los mayores pecados que se sabe, y la persona que esagradecida a los que bien le han hecho, da indicio que también lo será aDios, que tantos bienes le hizo y de contino le hace.

La señora duquesa despachó un propio con tu vestido y otro presente a tumujer Teresa Panza; por momentos esperamos respuesta.

Yo he estado un poco mal dispuesto de un cierto gateamiento que me sucedióno muy a cuento de mis narices; pero no fue nada, que si hay encantadoresque me maltraten, también los hay que me defiendan.

Avísame si el mayordomo que está contigo tuvo que ver en las acciones de laTrifaldi, como tú sospechaste, y de todo lo que te sucediere me irás dandoaviso, pues es tan corto el camino; cuanto más, que yo pienso dejar prestoesta vida ociosa en que estoy, pues no nací para ella.

Un negocio se me ha ofrecido, que creo que me ha de poner en desgraciadestos señores; pero, aunque se me da mucho, no se me da nada, pues, en finen fin, tengo de cumplir antes con mi profesión que con su gusto, conformea lo que suele decirse: amicus Plato, sed magis amica veritas. Dígote estelatín porque me doy a entender que, después que eres gobernador, lo habrásaprendido. Y a Dios, el cual te guarde de que ninguno te tenga lástima.

Tu amigo,

Don Quijote de la Mancha.

Oyó Sancho la carta con mucha atención, y fue celebrada y tenida pordiscreta de los que la oyeron; y luego Sancho se levantó de la mesa, y,llamando al secretario, se encerró con él en su estancia, y, sin dilatarlomás, quiso responder luego a su señor don Quijote, y dijo al secretarioque, sin añadir ni quitar cosa alguna, fuese escribiendo lo que él ledijese, y así lo hizo; y la carta de la respuesta fue del tenor siguiente:

Carta de Sancho Panza a don Quijote de la Mancha

La ocupación de mis negocios es tan grande que no tengo lugar para rascarmela cabeza, ni aun para cortarme las uñas; y así, las traigo tan crecidascual Dios lo remedie. Digo esto, señor mío de mi alma, porque vuesa mercedno se espante si hasta agora no he dado aviso de mi bien o mal estar eneste gobierno, en el cual tengo más hambre que cuando andábamos los dos porlas selvas y por los despoblados.

Escribióme el duque, mi señor, el otro día, dándome aviso que habíanentrado en esta ínsula ciertas espías para matarme, y hasta agora yo no hedescubierto otra que un cierto doctor que está en este lugar asalariadopara matar a cuantos gobernadores aquí vinieren: llámase el doctor PedroRecio, y es natural de Tirteafuera: ¡porque vea vuesa merced qué nombrepara no temer que he de morir a sus manos! Este tal doctor dice él mismo desí mismo que él no cura las enfermedades cuando las hay, sino que laspreviene, para que no vengan; y las medecinas que usa son dieta y másdieta, hasta poner la persona en los huesos mondos, como si no fuese mayormal la flaqueza que la calentura. Finalmente, él me va matando de hambre, yyo me voy muriendo de despecho, pues cuando pensé venir a este gobierno acomer caliente y a beber frío, y a recrear el cuerpo entre sábanas deholanda, sobre colchones de pluma, he venido a hacer penitencia, como sifuera ermitaño; y, como no la hago de mi voluntad, pienso que, al cabo alcabo, me ha de llevar el diablo.

Hasta agora no he tocado derecho ni llevado cohecho, y no puedo pensar enqué va esto; porque aquí me han dicho que los gobernadores que a estaínsula suelen venir, antes de entrar en ella, o les han dado o les hanprestado los del pueblo muchos dineros, y que ésta es ordinaria usanza enlos demás que van a gobiernos, no solamente en éste.

Anoche, andando de ronda, topé una muy hermosa doncella en traje de varón yun hermano suyo en hábito de mujer; de la moza se enamoró mi maestresala, yla escogió en su imaginación para su mujer, según él ha dicho, y yo escogíal mozo para mi yerno; hoy los dos pondremos en plática nuestrospensamientos con el padre de entrambos, que es un tal Diego de la Llana,hidalgo y cristiano viejo cuanto se quiere.

Yo visito las plazas, como vuestra merced me lo aconseja, y ayer hallé unatendera que vendía avellanas nuevas, y averigüéle que había mezclado conuna hanega de avellanas nuevas otra de viejas, vanas y podridas; apliquélastodas para los niños de la doctrina, que las sabrían bien distinguir, ysentenciéla que por quince días no entrase en la plaza. Hanme dicho que lohice valerosamente; lo que sé decir a vuestra merced es que es fama en estepueblo que no hay gente más mala que las placeras, porque todas sondesvergonzadas, desalmadas y atrevidas, y yo así lo creo, por las que hevisto en otros pueblos.

De que mi señora la duquesa haya escrito a mi mujer Teresa Panza yenviádole el presente que vuestra merced dice, estoy muy satisfecho, yprocuraré de mostrarme agradecido a su tiempo: bésele vuestra merced lasmanos de mi parte, diciendo que digo yo que no lo ha echado en saco roto,como lo verá por la obra.

No querría que vuestra merced tuviese trabacuentas de disgusto con esos misseñores, porque si vuestra merced se enoja con ellos, claro está que ha deredundar en mi daño, y no será bien que, pues se me da a mí por consejo quesea agradecido, que vuestra merced no lo sea con quien tantas mercedes letiene hechas y con tanto regalo ha sido tratado en su castillo.

Aquello del gateado no entiendo, pero imagino que debe de ser alguna de lasmalas fechorías que con vuestra merced suelen usar los malos encantadores;yo lo sabré cuando nos veamos.

Quisiera enviarle a vuestra merced alguna cosa, pero no sé qué envíe, si noes algunos cañutos de jeringas, que para con vejigas los hacen en estaínsula muy curiosos; aunque si me dura el oficio, yo buscaré qué enviar dehaldas o de mangas.

Si me escribiere mi mujer Teresa Panza, pague vuestra merced el porte yenvíeme la carta,que tengo grandísimo deseo de saber del estado de mi casa,de mi mujer y de mis hijos. Y con esto, Dios libre a vuestra merced de malintencionados encantadores, y a mí me saque con bien y en paz destegobierno, que lo dudo, porque le pienso dejar con la vida, según me tratael doctor Pedro Recio.

Criado de vuestra merced,

Sancho Panza, el Gobernador.

Cerró la carta el secretario y despachó luego al correo; y, juntándose losburladores de Sancho, dieron orden entre sí cómo despacharle del gobierno;y aquella tarde la pasó Sancho en hacer algunas ordenanzas tocantes al buengobierno de la que él imaginaba ser ínsula, y ordenó que no hubieseregatones de los bastimentos en la república, y que pudiesen meter en ellavino de las partes que quisiesen, con aditamento que declarasen el lugar dedonde era, para ponerle el precio según su estimación, bondad y fama, y elque lo aguase o le mudase el nombre, perdiese la vida por ello.

Moderó el precio de todo calzado, principalmente el de los zapatos, porparecerle que corría con exorbitancia; puso tasa en los salarios de loscriados, que caminaban a rienda suelta por el camino del interese; pusogravísimas penas a los que cantasen cantares lascivos y descompuestos, nide noche ni de día. Ordenó que ningún ciego cantase milagro en coplas si notrujese testimonio auténtico de ser verdadero, por parecerle que los másque los ciegos cantan son fingidos, en perjuicio de los verdaderos.

Hizo y creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese, sino paraque los examinase si lo eran, porque a la sombra de la manquedad fingida yde la llaga falsa andan los brazos ladrones y la salud borracha. Enresolución: él ordenó cosas tan buenas que hasta hoy se guardan en aquellugar, y se nombran Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza.

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