Capítulo VI: De lo que le pasó a Don Quijote con su sobrina y con su ama, y es uno de los importantes capítulos de toda la historia


Don Quijote de la Mancha


Miguel de Cervantes Saavedra


Índice Don Quijote de la Mancha

Capítulo anterior: De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice recordación
Capítulo siguiente: De lo que pasó don Quijote con su escudero, con otros sucesos famosísimos

En tanto que Sancho Panza y su mujer Teresa Cascajo pasaron la impertinentereferida plática, no estaban ociosas la sobrina y el ama de don Quijote,que por mil señales iban coligiendo que su tío y señor quería desgarrarsela vez tercera, y volver al ejercicio de su, para ellas, mal andantecaballería: procuraban por todas las vías posibles apartarle de tan malpensamiento, pero todo era predicar en desierto y majar en hierro frío. Contodo esto, entre otras muchas razones que con él pasaron, le dijo el ama:

-En verdad, señor mío, que si vuesa merced no afirma el pie llano y se estáquedo en su casa, y se deja de andar por los montes y por los valles comoánima en pena, buscando esas que dicen que se llaman aventuras, a quien yollamo desdichas, que me tengo de quejar en voz y en grita a Dios y al rey,que pongan remedio en ello.

A lo que respondió don Quijote:

-Ama, lo que Dios responderá a tus quejas yo no lo sé, ni lo que ha deresponder Su Majestad tampoco, y sólo sé que si yo fuera rey, me escusarade responder a tanta infinidad de memoriales impertinentes como cada día ledan; que uno de los mayores trabajos que los reyes tienen, entre otrosmuchos, es el estar obligados a escuchar a todos y a responder a todos; yasí, no querría yo que cosas mías le diesen pesadumbre.

A lo que dijo el ama:

-Díganos, señor: en la corte de Su Majestad, ¿no hay caballeros?

-Sí -respondió don Quijote-, y muchos; y es razón que los haya, para adornode la grandeza de los príncipes y para ostentación de la majestad real.

-Pues, ¿no sería vuesa merced -replicó ella- uno de los que a pie quedosirviesen a su rey y señor, estándose en la corte?

-Mira, amiga -respondió don Quijote-: no todos los caballeros pueden sercortesanos, ni todos los cortesanos pueden ni deben ser caballerosandantes: de todos ha de haber en el mundo; y, aunque todos seamoscaballeros, va mucha diferencia de los unos a los otros; porque loscortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la corte, sepasean por todo el mundo, mirando un mapa, sin costarles blanca, ni padecercalor ni frío, hambre ni sed; pero nosotros, los caballeros andantesverdaderos, al sol, al frío, al aire, a las inclemencias del cielo, denoche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestrosmismos pies; y no solamente conocemos los enemigos pintados, sino en sumismo ser, y en todo trance y en toda ocasión los acometemos, sin mirar enniñerías, ni en las leyes de los desafíos; si lleva, o no lleva, más cortala lanza, o la espada; si trae sobre sí reliquias, o algún engañoencubierto; si se ha de partir y hacer tajadas el sol, o no, con otrasceremonias deste jaez, que se usan en los desafíos particulares de personaa persona, que tú no sabes y yo sí. Y has de saber más: que el buencaballero andante, aunque vea diez gigantes que con las cabezas no sólotocan, sino pasan las nubes, y que a cada uno le sirven de piernas dosgrandísimas torres, y que los brazos semejan árboles de gruesos y poderososnavíos, y cada ojo como una gran rueda de molino y más ardiendo que unhorno de vidrio, no le han de espantar en manera alguna; antes con gentilcontinente y con intrépido corazón los ha de acometer y embestir, y, sifuere posible, vencerlos y desbaratarlos en un pequeño instante, aunqueviniesen armados de unas conchas de un cierto pescado que dicen que son másduras que si fuesen de diamantes, y en lugar de espadas trujesen cuchillostajantes de damasquino acero, o porras ferradas con puntas asimismo deacero, como yo las he visto más de dos veces. Todo esto he dicho, ama mía,porque veas la diferencia que hay de unos caballeros a otros; y sería razónque no hubiese príncipe que no estimase en más esta segunda, o, por mejordecir, primera especie de caballeros andantes, que, según leemos en sushistorias, tal ha habido entre ellos que ha sido la salud no sólo de unreino, sino de muchos.

-¡Ah, señor mío! -dijo a esta sazón la sobrina-; advierta vuestra mercedque todo eso que dice de los caballeros andantes es fábula y mentira, y sushistorias, ya que no las quemasen, merecían que a cada una se le echase unsambenito, o alguna señal en que fuese conocida por infame y por gastadorade las buenas costumbres.

-Por el Dios que me sustenta -dijo don Quijote-, que si no fueras misobrina derechamente, como hija de mi misma hermana, que había de hacer untal castigo en ti, por la blasfemia que has dicho, que sonara por todo elmundo. ¿Cómo que es posible que una rapaza que apenas sabe menear docepalillos de randas se atreva a poner lengua y a censurar las historias delos caballeros andantes? ¿Qué dijera el señor Amadís si lo tal oyera? Peroa buen seguro que él te perdonara, porque fue el más humilde y cortéscaballero de su tiempo, y, demás, grande amparador de las doncellas; mas,tal te pudiera haber oído que no te fuera bien dello, que no todos soncorteses ni bien mirados: algunos hay follones y descomedidos. Ni todos losque se llaman caballeros lo son de todo en todo: que unos son de oro, otrosde alquimia, y todos parecen caballeros, pero no todos pueden estar altoque de la piedra de la verdad. Hombres bajos hay que revientan porparecer caballeros, y caballeros altos hay que parece que aposta mueren porparecer hombres bajos; aquéllos se llevantan o con la ambición o con lavirtud, éstos se abajan o con la flojedad o con el vicio; y es menesteraprovecharnos del conocimiento discreto para distinguir estas dos manerasde caballeros, tan parecidos en los nombres y tan distantes en lasacciones.

-¡Válame Dios! -dijo la sobrina-. ¡Que sepa vuestra merced tanto, señortío, que, si fuese menester en una necesidad, podría subir en un púlpito eirse a predicar por esas calles, y que, con todo esto, dé en una cegueratan grande y en una sandez tan conocida, que se dé a entender que esvaliente, siendo viejo, que tiene fuerzas, estando enfermo, y que enderezatuertos, estando por la edad agobiado, y, sobre todo, que es caballero, nolo siendo; porque, aunque lo puedan ser los hidalgos, no lo son los pobres!

-Tienes mucha razón, sobrina, en lo que dices -respondió don Quijote-, ycosas te pudiera yo decir cerca de los linajes, que te admiraran; pero, porno mezclar lo divino con lo humano, no las digo. Mirad, amigas: a cuatrosuertes de linajes, y estadme atentas, se pueden reducir todos los que hayen el mundo, que son éstas: unos, que tuvieron principios humildes, y sefueron estendiendo y dilatando hasta llegar a una suma grandeza; otros, quetuvieron principios grandes, y los fueron conservando y los conservan ymantienen en el ser que comenzaron; otros, que, aunque tuvieron principiosgrandes, acabaron en punta, como pirámide, habiendo diminuido y aniquiladosu principio hasta parar en nonada, como lo es la punta de la pirámide, querespeto de su basa o asiento no es nada; otros hay, y éstos son los más,que ni tuvieron principio bueno ni razonable medio, y así tendrán el fin,sin nombre, como el linaje de la gente plebeya y ordinaria. De losprimeros, que tuvieron principio humilde y subieron a la grandeza que agoraconservan, te sirva de ejemplo la Casa Otomana, que, de un humilde y bajopastor que le dio principio, está en la cumbre que le vemos. Del segundolinaje, que tuvo principio en grandeza y la conserva sin aumentarla, seránejemplo muchos príncipes que por herencia lo son, y se conservan en ella,sin aumentarla ni diminuirla, conteniéndose en los límites de sus estadospacíficamente. De los que comenzaron grandes y acabaron en punta haymillares de ejemplos, porque todos los Faraones y Tolomeos de Egipto, losCésares de Roma, con toda la caterva, si es que se le puede dar estenombre, de infinitos príncipes, monarcas, señores, medos, asirios, persas,griegos y bárbaros, todos estos linajes y señoríos han acabado en punta yen nonada, así ellos como los que les dieron principio, pues no seráposible hallar agora ninguno de sus decendientes, y si le hallásemos, seríaen bajo y humilde estado. Del linaje plebeyo no tengo qué decir, sino quesirve sólo de acrecentar el número de los que viven, sin que merezcan otrafama ni otro elogio sus grandezas. De todo lo dicho quiero que infiráis,bobas mías, que es grande la confusión que hay entre los linajes, y quesolos aquéllos parecen grandes y ilustres que lo muestran en la virtud, yen la riqueza y liberalidad de sus dueños. Dije virtudes, riquezas yliberalidades, porque el grande que fuere vicioso será vicioso grande, y elrico no liberal será un avaro mendigo; que al poseedor de las riquezas nole hace dichoso el tenerlas, sino el gastarlas, y no el gastarlascomoquiera, sino el saberlas bien gastar. Al caballero pobre no le quedaotro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendoafable, bien criado, cortés y comedido, y oficioso; no soberbio, noarrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo; que con dos maravedísque con ánimo alegre dé al pobre se mostrará tan liberal como el que acampana herida da limosna, y no habrá quien le vea adornado de lasreferidas virtudes que, aunque no le conozca, deje de juzgarle y tenerlepor de buena casta, y el no serlo sería milagro; y siempre la alabanza fuepremio de la virtud, y los virtuosos no pueden dejar de ser alabados. Doscaminos hay, hijas, por donde pueden ir los hombres a llegar a ser ricos yhonrados: el uno es el de las letras; otro, el de las armas. Yo tengo másarmas que letras, y nací, según me inclino a las armas, debajo de lainfluencia del planeta Marte; así que, casi me es forzoso seguir por sucamino, y por él tengo de ir a pesar de todo el mundo, y será en baldecansaros en persuadirme a que no quiera yo lo que los cielos quieren, lafortuna ordena y la razón pide, y, sobre todo, mi voluntad desea. Pues consaber, como sé, los innumerables trabajos que son anejos al andantecaballería, sé también los infinitos bienes que se alcanzan con ella; y séque la senda de la virtud es muy estrecha, y el camino del vicio, ancho yespacioso; y sé que sus fines y paraderos son diferentes, porque el delvicio, dilatado y espacioso, acaba en la muerte, y el de la virtud, angostoy trabajoso, acaba en vida, y no en vida que se acaba, sino en la que notendrá fin; y sé, como dice el gran poeta castellano nuestro, que

Por estas asperezas se camina

de la inmortalidad al alto asiento,

do nunca arriba quien de allí declina.

-¡Ay, desdichada de mí -dijo la sobrina-, que también mi señor es poeta!.Todo lo sabe, todo lo alcanza: yo apostaré que si quisiera ser albañil, quesupiera fabricar una casa como una jaula.

Yo te prometo, sobrina -respondió don Quijote-, que si estos pensamientoscaballerescos no me llevasen tras sí todos los sentidos, que no habría cosaque yo no hiciese, ni curiosidad que no saliese de mis manos, especialmentejaulas y palillos de dientes.

A este tiempo, llamaron a la puerta, y, preguntando quién llamaba,respondió Sancho Panza que él era; y, apenas le hubo conocido el ama,cuando corrió a esconderse por no verle: tanto le aborrecía. Abrióle lasobrina, salió a recebirle con los brazos abiertos su señor don Quijote, yencerráronse los dos en su aposento, donde tuvieron otro coloquio, que nole hace ventaja el pasado.

Índice Don Quijote de la Mancha

Capítulo anterior: De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice recordación
Capítulo siguiente: De lo que pasó don Quijote con su escudero, con otros sucesos famosísimos