Capítulo LXXIII: De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de su aldea, con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande historia


Don Quijote de la Mancha


Miguel de Cervantes Saavedra


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A la entrada del cual, según dice Cide Hamete, vio don Quijote que en laseras del lugar estaban riñendo dos mochachos, y el uno dijo al otro:

-No te canses Periquillo, que no la has de ver en todos los días de tuvida.

Oyólo don Quijote, y dijo a Sancho:

-¿No adviertes, amigo, lo que aquel mochacho ha dicho: ''no la has de veren todos los días de tu vida''?

-Pues bien, ¿qué importa -respondió Sancho- que haya dicho eso el mochacho?

-¿Qué? -replicó don Quijote-. ¿No vees tú que, aplicando aquella palabra ami intención, quiere significar que no tengo de ver más a Dulcinea?

Queríale responder Sancho, cuando se lo estorbó ver que por aquella campañavenía huyendo una liebre, seguida de muchos galgos y cazadores, la cual,temerosa, se vino a recoger y a agazapar debajo de los pies del rucio.Cogióla Sancho a mano salva y presentósela a don Quijote, el cual estabadiciendo:

-Malum signum! Malum signum! Liebre huye, galgos la siguen: ¡Dulcinea noparece!

-Estraño es vuesa merced -dijo Sancho-. Presupongamos que esta liebre esDulcinea del Toboso y estos galgos que la persiguen son los malandrinesencantadores que la transformaron en labradora: ella huye, yo la cojo y lapongo en poder de vuesa merced, que la tiene en sus brazos y la regala:¿qué mala señal es ésta, ni qué mal agüero se puede tomar de aquí?

Los dos mochachos de la pendencia se llegaron a ver la liebre, y al unodellos preguntó Sancho que por qué reñían. Y fuele respondido por el quehabía dicho ''no la verás más en toda tu vida'', que él había tomado alotro mochacho una jaula de grillos, la cual no pensaba volvérsela en todasu vida. Sacó Sancho cuatro cuartos de la faltriquera y dióselos almochacho por la jaula, y púsosela en las manos a don Quijote, diciendo:

-He aquí, señor, rompidos y desbaratados estos agüeros, que no tienen quever más con nuestros sucesos, según que yo imagino, aunque tonto, que conlas nubes de antaño. Y si no me acuerdo mal, he oído decir al cura denuestro pueblo que no es de personas cristianas ni discretas mirar en estasniñerías; y aun vuesa merced mismo me lo dijo los días pasados, dándome aentender que eran tontos todos aquellos cristianos que miraban en agüeros.Y no es menester hacer hincapié en esto, sino pasemos adelante y entremosen nuestra aldea.

Llegaron los cazadores, pidieron su liebre, y diósela don Quijote; pasaronadelante, y, a la entrada del pueblo, toparon en un pradecillo rezando alcura y al bachiller Carrasco. Y es de saber que Sancho Panza había echadosobre el rucio y sobre el lío de las armas, para que sirviese de repostero,la túnica de bocací, pintada de llamas de fuego que le vistieron en elcastillo del duque la noche que volvió en sí Altisidora. Acomodóle tambiénla coroza en la cabeza, que fue la más nueva transformación y adorno conque se vio jamás jumento en el mundo.

Fueron luego conocidos los dos del cura y del bachiller, que se vinieron aellos con los brazos abiertos. Apeóse don Quijote y abrazólosestrechamente; y los mochachos, que son linces no escusados, divisaron lacoroza del jumento y acudieron a verle, y decían unos a otros:

-Venid, mochachos, y veréis el asno de Sancho Panza más galán que Mingo, yla bestia de don Quijote más flaca hoy que el primer día.

Finalmente, rodeados de mochachos y acompañados del cura y del bachiller,entraron en el pueblo, y se fueron a casa de don Quijote, y hallaron a lapuerta della al ama y a su sobrina, a quien ya habían llegado las nuevas desu venida. Ni más ni menos se las habían dado a Teresa Panza, mujer deSancho, la cual, desgreñada y medio desnuda, trayendo de la mano aSanchica, su hija, acudió a ver a su marido; y, viéndole no tan bienadeliñado como ella se pensaba que había de estar un gobernador, le dijo:

-¿Cómo venís así, marido mío, que me parece que venís a pie y despeado, ymás traéis semejanza de desgobernado que de gobernador?

-Calla, Teresa -respondió Sancho-, que muchas veces donde hay estacas nohay tocinos, y vámonos a nuestra casa, que allá oirás maravillas. Dinerostraigo, que es lo que importa, ganados por mi industria y sin daño denadie.

-Traed vos dinero, mi buen marido -dijo Teresa-, y sean ganados por aquí opor allí, que, comoquiera que los hayáis ganado, no habréis hecho usanzanueva en el mundo.

Abrazó Sanchica a su padre, y preguntóle si traía algo, que le estabaesperando como el agua de mayo; y, asiéndole de un lado del cinto, y sumujer de la mano, tirando su hija al rucio, se fueron a su casa, dejando adon Quijote en la suya, en poder de su sobrina y de su ama, y en compañíadel cura y del bachiller.

Don Quijote, sin guardar términos ni horas, en aquel mismo punto se apartóa solas con el bachiller y el cura, y en breves razones les contó suvencimiento, y la obligación en que había quedado de no salir de su aldeaen un año, la cual pensaba guardar al pie de la letra, sin traspasarla enun átomo, bien así como caballero andante, obligado por la puntualidad yorden de la andante caballería, y que tenía pensado de hacerse aquel añopastor, y entretenerse en la soledad de los campos, donde a rienda sueltapodía dar vado a sus amorosos pensamientos, ejercitándose en el pastoral yvirtuoso ejercicio; y que les suplicaba, si no tenían mucho que hacer y noestaban impedidos en negocios más importantes, quisiesen ser suscompañeros; que él compraría ovejas y ganado suficiente que les diesenombre de pastores; y que les hacía saber que lo más principal de aquelnegocio estaba hecho, porque les tenía puestos los nombres, que lesvendrían como de molde. Díjole el cura que los dijese. Respondió donQuijote que él se había de llamar el pastor Quijotiz; y el bachiller, elpastor Carrascón; y el cura, el pastor Curambro; y Sancho Panza, el pastorPancino.

Pasmáronse todos de ver la nueva locura de don Quijote; pero, porque no seles fuese otra vez del pueblo a sus caballerías, esperando que en aquel añopodría ser curado, concedieron con su nueva intención, y aprobaron pordiscreta su locura, ofreciéndosele por compañeros en su ejercicio.

-Y más -dijo Sansón Carrasco-, que, como ya todo el mundo sabe, yo soycelebérrimo poeta y a cada paso compondré versos pastoriles, o cortesanos,o como más me viniere a cuento, para que nos entretengamos por esosandurriales donde habemos de andar; y lo que más es menester, señores míos,es que cada uno escoja el nombre de la pastora que piensa celebrar en susversos, y que no dejemos árbol, por duro que sea, donde no la retule ygrabe su nombre, como es uso y costumbre de los enamorados pastores.

-Eso está de molde -respondió don Quijote-, puesto que yo estoy libre debuscar nombre de pastora fingida, pues está ahí la sin par Dulcinea delToboso, gloria de estas riberas, adorno de estos prados, sustento de lahermosura, nata de los donaires, y, finalmente, sujeto sobre quien puedeasentar bien toda alabanza, por hipérbole que sea.

-Así es verdad -dijo el cura-, pero nosotros buscaremos por ahí pastorasmañeruelas, que si no nos cuadraren, nos esquinen.

A lo que añadió Sansón Carrasco:

-Y cuando faltaren, darémosles los nombres de las estampadas e impresas,de quien está lleno el mundo: Fílidas, Amarilis, Dianas, Fléridas,Galateas y Belisardas; que, pues las venden en las plazas, bien las podemoscomprar nosotros y tenerlas por nuestras. Si mi dama, o, por mejor decir,mi pastora, por ventura se llamare Ana, la celebraré debajo del nombre deAnarda; y si Francisca, la llamaré yo Francenia; y si Lucía, Lucinda, quetodo se sale allá; y Sancho Panza, si es que ha de entrar en esta cofadría,podrá celebrar a su mujer Teresa Panza con nombre de Teresaina.

Rióse don Quijote de la aplicación del nombre, y el cura le alabó infinitosu honesta y honrada resolución, y se ofreció de nuevo a hacerle compañíatodo el tiempo que le vacase de atender a sus forzosas obligaciones. Conesto, se despidieron dél, y le rogaron y aconsejaron tuviese cuenta con susalud, con regalarse lo que fuese bueno.

Quiso la suerte que su sobrina y el ama oyeron la plática de los tres; y,así como se fueron, se entraron entrambas con don Quijote, y la sobrina ledijo:

-¿Qué es esto, señor tío? ¿Ahora que pensábamos nosotras que vuestra mercedvolvía a reducirse en su casa, y pasar en ella una vida quieta y honrada,se quiere meter en nuevos laberintos, haciéndose

Pastorcillo, tú que vienes,

pastorcico, tú que vas?

Pues en verdad que está ya duro el alcacel para zampoñas.

A lo que añadió el ama:

Y ¿podrá vuestra merced pasar en el campo las siestas del verano, losserenos del invierno, el aullido de los lobos? No, por cierto, que éste esejercicio y oficio de hombres robustos, curtidos y criados para talministerio casi desde las fajas y mantillas. Aun, mal por mal, mejor es sercaballero andante que pastor. Mire, señor, tome mi consejo, que no se ledoy sobre estar harta de pan y vino, sino en ayunas, y sobre cincuenta añosque tengo de edad: estése en su casa, atienda a su hacienda, confiese amenudo, favorezca a los pobres, y sobre mi ánima si mal le fuere.

-Callad, hijas -les respondió don Quijote-, que yo sé bien lo que mecumple. Llevadme al lecho, que me parece que no estoy muy bueno, y tenedpor cierto que, ahora sea caballero andante o pastor por andar, no dejarésiempre de acudir a lo que hubiéredes menester, como lo veréis por la obra.

Y las buenas hijas -que lo eran sin duda ama y sobrina- le llevaron a lacama, donde le dieron de comer y regalaron lo posible.

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